El periodista Diego Leuco contó en PH Podemos Hablar una anécdota sobre un pedido sexual inusual. Especialistas consultadas explicaron por qué algunas partes del cuerpo generan placer y cómo se originan los fetiches.
El periodista Diego Leuco relató en el primer programa de la nueva temporada de PH Podemos Hablar (Telefe) una anécdota ocurrida durante un encuentro sexual. Según su testimonio, la mujer le pidió: “¿Me chupás el ojo?”. Leuco dijo que accedió tras preguntar cómo hacerlo y que ella le explicó que el roce debía realizarse sobre la parte blanca del globo ocular.
La anécdota generó reacciones en el estudio y motivó una consulta a especialistas en sexología sobre la posibilidad de que zonas del cuerpo no convencionales generen placer.
La psicóloga y sexóloga Gabriela Quintana afirmó a Clarín que “todo el cuerpo puede convertirse en una zona erógena y formar parte de nuestro mapa erótico”. Agregó que “los cuerpos tanto de hombres como de mujeres están llenos de zonas con mucho potencial” y que “nuestro cuerpo erógeno es infinito”.
Qué son las zonas erógenas
La psicóloga y sexóloga Olga Tallone explicó que las zonas erógenas son áreas con alta concentración de terminaciones nerviosas que, al ser estimuladas mediante tacto, calor o caricias, pueden producir excitación y placer sexual. Señaló que algunas zonas pueden permanecer “dormidas” hasta que un contacto o un estímulo visual las active.
Quintana sostuvo que el placer no funciona “como un botón automático” y que la piel es “el órgano sexual más grande que tenemos”. Indicó que “la magia ocurre en el cerebro”, donde los estímulos adquieren significado erótico a partir del contexto, el juego, la intención y la disposición emocional.
Además de las zonas erógenas conocidas, como labios, pezones o genitales, Tallone mencionó otras menos obvias: “las muñecas, las orejas, el cuello, el cuero cabelludo, los pies, los codos, las axilas, la nuca, la cara interna de los muslos, la espalda, y como dijo Leuco… ¡los ojos!”.
Origen de los fetiches
Tallone explicó que los fetiches pueden originarse por procesos de asociación cerebral, cuando “un objeto, prenda o parte del cuerpo no genital se vincula fuertemente con la excitación erótica”. La historia personal también puede influir en el desarrollo de respuestas vinculadas al placer.
Quintana señaló que “no hay causas únicas, ni una edad específica donde se despierten los fetiches, ni una fecha de vencimiento para explorarlos”.
Entre los fetiches más frecuentes, Tallone mencionó los pies y las manos. También mencionó objetos como zapatos, ropa interior, prendas de cuero o látex, guantes y uniformes. Quintana citó el fetiche con globos, cuyos practicantes se excitan al inflarlos, reventarlos o tener contacto con sus texturas y olores. También se refirió a la knismolagnia, vinculada a la excitación sexual asociada a las cosquillas.
Ambas especialistas coincidieron en que los fetiches son una variante normal de la sexualidad siempre que haya consentimiento, genere disfrute y no cause daño o ponga en riesgo la salud. Quintana concluyó: “Todo lo que incluya consentimiento, cuidado mutuo, juego, curiosidad, diversidad, en un entorno seguro y respetuoso, es bienvenido en el universo erótico y sexual saludable”.
