Dos ejemplares de coipo fueron rescatados en domicilios particulares de Berazategui, provincia de Buenos Aires, y se encuentran en proceso de rehabilitación en la Fundación Planeta Vivo.
En junio de este año, un video difundido en redes sociales mostró a dos jóvenes en Bahía Blanca que acorralaron y mataron a patadas a un coipo. El hecho generó repercusión pública y puso en foco el maltrato hacia esta especie.
El coipo (Myocastor coypus) habita ambientes acuáticos como ríos, arroyos, bañados, pantanos, esteros y lagunas, según el Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales.
Un mes después, dos ejemplares de la misma especie fueron hallados en domicilios particulares de Berazategui. El rescatista Fernando Pieroni, de la Fundación Planeta Vivo, indicó que se contactaron con la fiscalía y la clínica veterinaria municipal para acercarse a los domicilios. En ambos casos, los tenedores accedieron a entregarlos voluntariamente.
Los animales vivían en cautiverio, sin acceso pleno a su hábitat natural. Pieroni señaló que su alimentación incluía verduras y frutas, pero también harinas y galletitas, alimentos que no corresponden a su dieta. Además, habían crecido en contacto con personas y dependían del ser humano para alimentarse y refugiarse.
El primero en ser rescatado fue Mencho, que vivía en una casa con un pequeño patio, convivía con perros y no tenía acceso a un espejo de agua. Al ingresar al domicilio, el animal estaba sobre un sillón.
El segundo caso fue Emilia, que también vivía en un domicilio particular y contaba con una pileta. La familia que la tenía indicó que la había rescatado cuando era pequeña y que esperaba que pudiera volver a la naturaleza.
Una vez en el Centro de Rehabilitación, Mencho permaneció en cuarentena y recibió una revisión veterinaria completa. Luego fue trasladado a un recinto natural controlado. Su alimentación fue reemplazada gradualmente por una dieta adecuada y se disminuyó el contacto con personas. Comenzó a alimentarse por sus propios medios y a evitar el contacto humano, conducta considerada positiva para su reinserción.
Emilia pasó por un proceso similar y se adaptó más rápido. Ambos coipos tienen aproximadamente un año y se conocieron en el predio de la fundación. Según Pieroni, probablemente fue la primera vez que cada uno estuvo frente a otro individuo de su especie. Se adaptaron entre sí y pasan gran parte del día juntos. Si completan su rehabilitación, se evalúa liberarlos juntos.
Pieroni advirtió sobre las amenazas que enfrenta la especie: caza furtiva, atropellamientos, mascotismo y comercio de fauna silvestre. Señaló que en redes sociales se difunde contenido que romantiza el mascotismo, y aclaró que rescatar un animal silvestre no implica apropiarse de él.
Ante el hallazgo de un animal silvestre herido o una cría, recomendó recurrir a profesionales y centros especializados. Mantener fauna silvestre en una casa es ilegal y constituye una forma de maltrato, ya que impide que el animal desarrolle conductas propias de su especie.
“Nuestro trabajo con Mencho y Emilia no consiste en lograr que confíen más en nosotros. Es exactamente al revés: trabajamos todos los días para que cada vez nos necesiten menos”, concluyó Pieroni.
