La profesora de yoga Cristina Giner recomendó imitar el estiramiento de los animales al despertar como método para iniciar la jornada. La práctica, conocida como pandiculación, ayuda a recuperar la movilidad muscular tras el descanso.
Cristina Giner, profesora de yoga, afirmó que “deberíamos hacer como los gatos y los perros al despertar para empezar bien el día”. La declaración se basa en la observación del comportamiento de las mascotas, que al levantarse se estiran de forma natural antes de moverse.
Según Giner, la escena dura apenas unos segundos: un gato arquea la espalda, mientras que un perro extiende las patas delanteras y alarga el cuerpo. No se trata de un ejercicio planificado, sino de una reacción natural tras varias horas de descanso.
En contraste, muchas personas inician la mañana con el sonido del despertador, el primer vistazo al celular y la transición inmediata a las obligaciones del día. La recomendación de Giner no apunta a realizar actividad física intensa, sino a dedicar unos instantes a despertar el cuerpo antes de exigirle movimiento.
Detrás de esa idea aparece el concepto de pandiculación, un mecanismo espontáneo utilizado por numerosos mamíferos para recuperar movilidad después de permanecer inmóviles durante un período prolongado. Se trata de estiramientos instintivos al levantarse, como brazos que buscan estirarse, hombros que se mueven y piernas que se desperezan antes de apoyar los pies en el suelo.
El proceso ayuda a que músculos y articulaciones vuelvan gradualmente a la actividad. Mientras una persona duerme, la frecuencia cardíaca disminuye, los músculos permanecen relajados y la actividad física se reduce al mínimo. Pasar del reposo absoluto a la actividad inmediata puede generar rigidez, pesadez o falta de movilidad durante los primeros minutos del día.
Los movimientos suaves permiten reducir ese contraste. En disciplinas vinculadas al bienestar corporal, ese momento previo se considera tan importante como la actividad posterior. La forma de empezar la mañana puede influir en la percepción del resto de la jornada.
Una de las características del yoga es que no se centra únicamente en el esfuerzo físico, sino que presta atención a la forma en que se mueve el cuerpo, a la respiración y a las sensaciones que acompañan cada postura. Por ello, muchas prácticas comienzan con movimientos lentos y progresivos, sin forzar el cuerpo, sino acompañando sus tiempos naturales.
Esa filosofía coincide con lo planteado por Cristina Giner. Antes de pensar en rendimiento, productividad o ejercicio intenso, la profesora propone recuperar una conducta que los animales realizan de manera espontánea cada mañana.
