Investigadores de la Facultad de Medicina de la UBA trabajan en una terapia que potencia las defensas del organismo para reducir la duración del tratamiento de la tuberculosis, enfermedad que en Argentina registró un aumento del 80% en los últimos cinco años.
Buenos Aires, 20 de mayo (NA) – La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo tuberculoso, que afecta principalmente a los pulmones y se transmite por vía aérea cuando una persona enferma tose, estornuda o escupe. Según la Organización Mundial de la Salud, casi 11 millones de personas padecen la enfermedad a nivel global y más de 1 millón fallece por su causa.
En Argentina, la incidencia de tuberculosis creció un 80% en los últimos cinco años, con 16 mil casos y 1.000 muertes anuales. El principal desafío no es la falta de cura —la enfermedad es tratable y curable— sino la complejidad del tratamiento. Para los casos más leves se requieren al menos seis meses de una combinación de cuatro antibióticos, lo que dificulta que los pacientes completen el esquema y favorece la aparición de cepas multirresistentes.
Un equipo de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) busca mejorar el tratamiento potenciando las defensas del organismo, en lugar de sumar otro antibiótico. Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el proyecto se encuentra en fase preclínica con resultados prometedores.
“En nuestro proyecto estamos trabajando en una terapia innovadora, que apunta a mejorar un aspecto del metabolismo, para de ese modo ayudar a los antibióticos y acortar el tratamiento”, explicó Luciana Balboa, doctora en Química de la UBA e investigadora en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA.
La investigadora señaló que “hay un cuarto de la población mundial que estamos o hemos sido infectados con Mycobacterium tuberculosis. La mayoría no lo sabemos”. El informe indica que el 90% de los infectados logra controlar la bacteria sin desarrollar la enfermedad, mientras que el 10% restante se enferma, generalmente por tener el sistema inmunológico comprometido debido a mala alimentación u otras enfermedades preexistentes.
La bacteria persiste y se aprovecha de los mecanismos defensivos del organismo para mantenerse activa. Esa cronicidad explica por qué el tratamiento estándar requiere al menos seis meses de medicación combinada con cuatro drogas. El tratamiento existe y es gratuito en Argentina, pero completarlo resulta difícil. Cuando los pacientes abandonan el esquema antes de tiempo, la bacteria desarrolla resistencias. Los casos de tuberculosis multirresistente y extremadamente resistente requieren tratamientos aún más prolongados, con drogas de segunda línea que tienen más efectos adversos.
Además de la búsqueda de nuevas terapias, el equipo de la UBA colabora internacionalmente para identificar biomarcadores que permitan predecir la eficacia de nuevas vacunas, un paso fundamental para frenar una enfermedad que afecta, de forma latente o activa, a millones de personas en todo el mundo.
