Un hecho ocurrido en Miami-Dade en 1995, donde un hombre secuestró un autobús con 13 niños, llevó a una revisión profunda de los protocolos de seguridad en el transporte estudiantil en Estados Unidos.
El 2 de noviembre de 1995, en el condado de Miami-Dade, Florida, Catalino Sang, un ciudadano de origen chino-dominicano, secuestró un autobús escolar con 13 niños a bordo. El hecho, que comenzó cuando Sang forzó su ingreso al vehículo alrededor de las 8:30 hs, desvió la ruta hacia la escuela primaria Blue Lakes e inició una huida de aproximadamente una hora por las calles de Florida, manteniendo en vilo a familias y autoridades.
Según reportes de la época, Sang, de 42 años y despedido recientemente de su trabajo como camarero, afirmaba tener una disputa con el Servicio de Impuestos Internos (IRS) por propinas no declaradas. Durante el trayecto, el captor se mostró agresivo, ordenó al conductor chocar contra un coche patrulla y amenazó constantemente a los estudiantes, algunos con discapacidad. Una llamada anónima alertó a las unidades de emergencia.
En el transcurso de la persecución, Sang liberó a tres niños y a una madre en una parada. Para establecer contacto, un oficial arrojó un teléfono portátil por la ventanilla del autobús en movimiento. Aunque el sujeto afirmó estar armado con un artefacto explosivo, este resultó ser un respirador perteneciente a uno de los estudiantes.
Tras declarar inicialmente que se dirigía a una oficina del fisco, Sang obligó finalmente al chofer a conducir hasta el restaurante de mariscos Joe’s Stone Crab, donde había trabajado. Al detenerse frente al establecimiento, las fuerzas de seguridad abrieron fuego, neutralizando a Sang. Según testigos y autoridades, el hombre utilizó a los niños como escudos humanos durante el incidente.
Los niños rescatados fueron llevados al interior del restaurante para recibir atención. El impacto del caso fue significativo: las autoridades escolares de EE.UU. replantearon los protocolos de seguridad en los transportes estudiantiles. A partir de entonces, la implementación de sistemas de comunicación directa con la policía y el entrenamiento especializado para choferes se convirtieron en normas estrictas para prevenir situaciones de riesgo.
