El exárbitro cuestionó la formación de los árbitros y apuntó contra Pablo Toviggino y Federico Beligoy. Afirmó que no trabajaría con esta gestión de la AFA «ni por todo el oro del mundo».
Javier Castrilli, exárbitro y actual analista arbitral, se refirió al presente del arbitraje argentino en una entrevista con LA NACION. Afirmó que «se desconfía con razón: lo que estamos viendo es horroroso. Y no es de ahora, hace ocho años que lo venimos observando».
Castrilli, de 69 años, reside en Chile desde 2021, donde presidió la Comisión de Árbitros de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP). Actualmente trabaja como columnista de Fútbol de Primera, participa en Radio Mitre y dirige una academia virtual de árbitros.
Consultado sobre si trabajaría con la actual gestión de la AFA, respondió: «No. Mientras esté Pablo Toviggino, no. Ni por todo el oro del mundo».
El exárbitro sostuvo que el problema del arbitraje argentino comienza en la formación. «Para dirigir en niveles de alta competencia, un árbitro necesita estar formado en valores y capacitado para sentirse absolutamente impermeable a las presiones y al peso de la sanción pública», declaró. Y agregó: «Este modelo trajo como consecuencia directa no solo la pésima formación de los árbitros y la declinante formación intelectual de muchos, sino que además atacó el corazón de la vocación. Hizo que cada vez más personas se acerquen al arbitraje por el solo hecho de ganar dinero y lo tomen como un trabajo».
Castrilli también se refirió al sistema de designaciones: «Quienes tienen que renovarles el contrato a los árbitros profesionales son los presidentes de los clubes que esos mismos árbitros tienen que dirigir, con el consiguiente peligro de que, si les va mal, muchos piensen que corre riesgo su permanencia dentro del arbitraje».
En cuanto a los árbitros del interior, mencionó a Andrés Merlos, Fernando Espinoza, Jorge Baliño y Luis Lobo Medina, entre otros, y afirmó que «sembraron los campos de juego del interior de atrocidades». También vinculó a estos árbitros con ascensos de equipos como Barracas Central, Riestra, Independiente Rivadavia y Central Córdoba de Santiago del Estero. «Fui uno de los primeros en denunciar que todo era manipulado por Pablo Toviggino y su relación con Gustavo Bassi, presidente del Departamento Arbitral del Consejo Federal, y, obviamente, con Federico Beligoy», expresó.
Sobre Beligoy, se preguntó: «¿Alguna vez renunció Beligoy en todos estos años? La pregunta es: ¿por qué no renuncia? ¿Por qué los presidentes cuyos equipos, socios e hinchas se sintieron tan afectados, tan defraudados, incluso robados, no pidieron la remoción de Beligoy, salvo alguna excepción?».
Respecto de Toviggino, consideró que «su presencia es perniciosa para el fútbol argentino, por todo lo que representa su poder y por el peso específico que tiene en la manipulación de los árbitros desde hace siete u ocho años».
Castrilli también habló sobre el VAR y la inteligencia artificial. «Estoy convencido de que vamos camino a la inteligencia artificial. La persona humana a cargo de la aplicación de las reglas de juego es una especie en extinción, que poco a poco ha sido desplazada por su propia falibilidad y sus limitaciones», afirmó.
En relación con la regla de las manos, opinó: «Si yo tuviera que legislar, volvería hacia atrás. En todo caso, limitaría el gol convertido directamente con la mano. Para lo demás, volvería al criterio de la voluntariedad».
Finalmente, se refirió a su paso por la política: «En 2013, Emilio Monzó me había propuesto ser candidato a concejal de La Matanza. Una semana antes del cierre de listas me llamaron para decirme que finalmente el candidato iba a ser otro. Entonces, me fui». Y concluyó: «Siempre que se trate de cambiar la realidad que nos rodea y yo sienta que tengo herramientas para hacerlo, voy a estar comprometido. Nunca fui de mirar para otro lado».
