Un venezolano de 45 años, deportado desde Estados Unidos a Liberia en agosto, declaró que ya no desea regresar a territorio estadounidense y que planea solicitar asilo en Europa para reunirse con su familia.
Un venezolano de 45 años, identificado como A., fue deportado desde Estados Unidos a Liberia en agosto. El hombre, que residía con su esposa e hijos en territorio estadounidense y trabajaba en el sector de la energía eólica, declaró que ya no quiere vivir en Estados Unidos y que prefiere pedir asilo en Europa para llevarse a toda su familia.
Según relataron medios locales, a comienzos de 2026 A. acudió junto a su esposa a una oficina de inmigración para un control de rutina. Ambos contaban con protección contra la repatriación a Venezuela y no tenían antecedentes penales. Durante el procedimiento, los agentes permitieron que la esposa se retirara, mientras que A. fue puesto bajo custodia.
Durante los meses siguientes, el hombre pasó por cuatro centros de detención. Su abogado no recibió información sobre esos traslados ni sobre la posterior expulsión a Liberia.
La deportación afectó a los hijos del matrimonio. La hija del migrante asiste a terapia y pregunta por qué su padre está lejos. El hijo mayor manifestó su intención de abandonar la escuela para trabajar y contribuir económicamente al hogar. El padre mantiene contacto con ellos mediante videollamadas.
A. expresó temor a que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) detenga también a su esposa, lo que dejaría a sus hijos sin otro familiar en el país.
Antes de su deportación, las autoridades le comunicaron que sería repatriado a Venezuela. A. respondió que correría peligro por su condición de opositor político. Un funcionario le habría dicho que ya no corría riesgo porque Venezuela “ahora es libre”. A. rechazó esa afirmación y señaló que el país “no es libre para nada”.
Durante el vuelo de deportación, que duró aproximadamente 15 horas, A. declaró que los pasajeros fueron mantenidos “encadenados de pies y manos durante todo el viaje”. El contingente estaba compuesto por 20 personas procedentes de América Latina, el Caribe y África subsahariana. Seis de ellas se negaron a desembarcar en Monrovia y fueron trasladadas a Malabo, Guinea Ecuatorial.
Quienes permanecieron en Liberia fueron alojados en un hotel en Marshall, a unos 50 kilómetros de la capital. A. indicó que recibió “una buena acogida” y que las condiciones son diferentes a las de su detención: habitaciones limpias, espacio propio y libertad para entrar y salir.
En el mismo establecimiento se encuentra W., un hondureño de 40 años también deportado desde Estados Unidos. Personal de la Organización Internacional para las Migraciones lo visita diariamente y le proporciona asistencia para tratar su diabetes. W. declaró que no se aleja más de 10 metros de la entrada del hotel por temor a agresiones o robos.
