Un informe de la Fundación Observatorio PyME indica que seis de cada diez pequeñas y medianas empresas industriales enfrentan demoras en los pagos de sus clientes, mientras que el 24% presenta atrasos en sus propias obligaciones. La falta de ventas sigue siendo el principal problema para el 81% de las firmas.
Las pequeñas y medianas empresas (PyME) industriales de Argentina enfrentan un nuevo desafío: el cobro de lo vendido y el cumplimiento de sus compromisos en tiempo y forma. Según el último Informe de Coyuntura PyME Industrial de la Fundación Observatorio PyME, correspondiente al segundo trimestre de 2026, el 62% de las empresas registró un alargamiento en los plazos de cobro de sus clientes, y el 24% presentó atrasos en sus propios vencimientos con impuestos, proveedores o bancos. La proporción de empresas con demoras en sus compromisos se duplicó en menos de un año.
El informe también señala que la falta de ventas continúa siendo el principal problema para el 81% de las firmas. El 73% de las PyMEs debió absorber aumentos de costos sin poder trasladarlos completamente a sus precios finales, y el 69% reportó una rentabilidad menor que un año atrás.
Natalia Lomolino, directora de la consultora empresarial Confiance Group, explicó: “Una empresa puede estar vendiendo y, sin embargo, empezar a tener problemas financieros. El error es mirar solamente la facturación. Hay que entender cuánto margen deja cada venta, cuándo se transforma efectivamente en dinero y qué obligaciones hay que afrontar hasta que eso ocurra. Cuando esos tiempos dejan de estar alineados, crecer incluso puede aumentar la necesidad de capital de trabajo”.
Ante esta situación, muchas empresas recurren al financiamiento. Lomolino señaló que “antes de buscar financiamiento hay una pregunta que parece básica, pero muchas veces no se hace: ¿por qué falta plata? Si el problema está en los márgenes, en los plazos de cobranza, en el stock, en los costos o en una estructura que quedó sobredimensionada, conseguir más dinero puede dar aire durante algunos meses, pero no necesariamente solucionar el problema. Incluso puede agregar una nueva obligación financiera a una empresa que ya tiene su caja tensionada”.
El relevamiento indica que algunas señales de alerta incluyen ventas que crecen mientras la disponibilidad de efectivo disminuye, clientes que pagan cada vez más tarde, necesidad recurrente de utilizar descubierto o financiamiento de corto plazo, aumento sostenido del stock y márgenes que se achican aunque la facturación avance.
La presión sobre los márgenes afecta la ecuación financiera. Si los costos avanzan más rápido que los precios, cada venta adicional puede dejar menos rentabilidad. Si la operación se cobra a 60, 90 o más días mientras proveedores, impuestos y salarios deben pagarse antes, aumentar las ventas puede incrementar el capital necesario para sostener la operación.
Por ello, indicadores como los días promedio de cobro y pago, la rotación del inventario, el margen por producto o servicio, la concentración de ventas en determinados clientes y el costo financiero adquieren relevancia. Analizarlos en conjunto permite distinguir entre una necesidad coyuntural de liquidez y un problema estructural.
Desde Confiance Group concluyeron: “El financiamiento es una herramienta y puede ser muy útil cuando existe una estrategia detrás. El riesgo aparece cuando se convierte en la respuesta automática a cualquier problema de caja. Antes de endeudarse, la empresa debería poder explicar con claridad para qué necesita ese dinero, cómo lo va a devolver y, sobre todo, qué va a cambiar para que dentro de seis meses no vuelva a necesitar financiamiento por exactamente el mismo motivo”.
El informe también registró una caída interanual de la producción de las PyMEs industriales y un retroceso del empleo en el sector.
