Rodrigo de Loredo eligió Jesús María para decir “acá estamos». Las malas lenguas aseguran que «no lo dejaron ir junto a Milei el viernes», otros responden que «Rodri no lo quiere opacar al presidente». Lo cierto es que el radical se suma así a la temporada alta de la política cordobesa, esa en la que los dirigentes recorren domas, peñas y pasillos de tierra con la esperanza de que una selfie valga más que un spot.
La candidatura se lanza entre bombos y empanadas, entre potrillos y malambo. El vice, todavía, es un misterio. Y no será Juez, claro está: algunas obviedades conviene recordarlas.
De Loredo pisa suelo libertario en una plaza que, por estas horas, es más observada que un cierre de listas. Es la antesala de la visita presidencial. Javier Milei llegará mañana y tendrá su momento estelar. Como manda el ritual, lo recibirá el intendente Federico Zárate junto a la comitiva del festival, expertos en sonrisas protocolares y abrazos medidos.
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El radical no camina solo. Lo sigue un grupo nutrido: legisladores provinciales, algunos intendentes y la pregunta de siempre flotando en el aire: ¿hay cena? No es la primera vez que el exdiputado se mezcla entre caballos y peñas en la Plaza Próspero Molina. Desde una esquina clásica del microclima político cordobés —Vélez Sarsfield y San Juan— deslizan, con media sonrisa: “Algunos esperan que anuncie al vicegobernador”. Y rematan, como quien pide un deseo al santo correcto: “Ojalá sea radical”. Veremos.
Esta semana se confirmó que Elisa Caffaratti, la concejala de la capital cordobesa ocupará una de las vacantes reservadas para los gobernadores en el Comité Nacional. Se sumará a instancias del gobernador mendocino Alfredo Cornejo.
Siciliano se empapó de festival
Miguel Siciliano también pasó por Jesús María y se dejó contagiar por el clima. El ministro de Vinculación y Gestión Institucional llegó con discurso afinado: festivales como motores económicos, generadores de empleo y pegamento social. Política con aroma a folklore.
En la comitiva alguien lanzó una frase filosa, de esas que se dicen bajito pero caminan rápido: “Milei, si llega, va a usar una ruta que pagaron los cordobeses”. Siciliano tomó la posta y fue por el lado de la infraestructura, ese idioma que entiende todo intendente. “La conectividad es clave para el desarrollo productivo y turístico. Las rutas no solo unen pueblos, también generan oportunidades”, dijo.
Y anunció obra: la pavimentación de la Ruta Provincial S-433, entre Colonia Caroya y Tinoco. Diez kilómetros y monedas de asfalto, suficientes para que la política también deje huella física.
Carrizo, tentada por el ‘estacionero’
“Hay que formar un frente amplio para terminar con el gobierno del peronismo”, señaló Carrizo en diálogo con La Nación. La frase no es menor: es una definición estratégica, pero también una señal hacia adentro del radicalismo. No es una tarea sencilla, aunque ya suman a fichas claves como el PRO alineado a la diputada Laura Rodríguez Machado, al Frente Cívico de Luis Juez y a sectores de la UCR que empiezan a mirar más allá de su propio corral.
En paralelo, otra melodía empieza a sonar. La radical muy cercana a De Loredo, mantiene un vínculo aceitado con Gabriel Bornoroni, jefe del bloque libertario. Dicen que la relación podría escalar. En política, cuando “trasciende”, casi nunca es casualidad.
Los libertarios buscan una fórmula competitiva para 2027 y, según dejaron correr, podrían tentarla para que sea compañera de fórmula. Bornoroni–Carrizo: una sociedad que intentaría replicar aquel mix exitoso de Llaryora–Prunotto en 2023. Radicalismo y algo más, versión violeta.
Desde el entorno más cerrado de De Loredo no disimulan el gesto adusto. “Eso sería una puñalada”, dicen. No aclaran si por la espalda o de frente, pero el mensaje es claro: en Córdoba, mientras suenan las guitarras, alguien afila los cuchillos.
