El 30 de septiembre, en el Salón Guerrico, vecinos y autoridades suscribieron la Promesa de San Antonio de Areco, un decálogo dirigido a los visitantes. De esta manera, la localidad se convirtió en el primer Pueblo con Promesa del país.
El 30 de septiembre, en el histórico Salón Guerrico, vecinos, autoridades municipales y Maita Barrenechea firmaron la Promesa de San Antonio de Areco. Barrenechea impulsa La Promesa Argentina, una iniciativa que hasta ahora era firmada por personas. Con este acto, Areco se convirtió en el primer Pueblo con Promesa del país.
«Esta es una promesa que nace desde el pueblo», dijo Barrenechea ante vecinos, artesanos y autoridades. «Areco es la primera comunidad del país en adoptarla. Y abre el camino para que otros pueblos se sumen», agregó.
El texto se denomina «Un compromiso con nuestro pago» y menciona los pilares de la identidad local, entre ellos el gaucho, la tierra, el trabajo y la palabra dada. Propone a quien llega que, mientras esté en Areco, sea parte de aquello que la comunidad quiere preservar.
El decálogo fue elaborado por la artista Catalina Guerrico, Belén Güiraldes y Camila Álvarez Draghi, a partir de una charla que Barrenechea dio en mayo en el Salón Guerrico, invitada por la Municipalidad. «A mí lo que más me quedó es que los lugares no se conviertan en escenografías», recordó Guerrico. «Cuidar la identidad, enseñarle al visitante a ser huésped».
Cada una escribió por separado. Guerrico se ocupó de los artistas y la naturaleza; Güiraldes aportó lo gauchesco y la tradición; Álvarez escribió sobre el pueblo, su calma y sus artesanos. Luego se reunieron en la Dirección de Turismo con Carola Vieytes, Nora Lema y Lucía del Campo, integrante del Consejo Federal de La Promesa, y armaron el texto final.
El decálogo está escrito en primera persona. Algunos puntos son habituales en guías de turismo responsable: elegir lo local, conocer a los artesanos, cuidar la naturaleza sin modificarla. Otros tienen un tono más propio: el segundo punto pide caminar con respeto e ir despacio; el séptimo, respetar los tiempos del lugar y «resguardar la mística de las calles».
La Promesa Arequera incluye diez compromisos: conocer su historia y las tradiciones; caminar con respeto e ir despacio; valorar lo hecho a mano, conocer artistas y artesanos; elegir lo local; escuchar y aprender de quienes habitan el lugar; cuidar la naturaleza; respetar sus tiempos; honrar las celebraciones y costumbres; contagiarse de la hospitalidad local; y agradecer con acciones, siendo puente de las vivencias en San Antonio de Areco.
En el evento, el intendente Francisco Ratto leyó la primera parte de «Mi hospitalidad», uno de los textos de El libro bravo, de Ricardo Güiraldes. El texto comienza con la frase «Sé hospitalario» y describe un protocolo de campo: salir a esperar al forastero, tenderle la mano, sentarlo junto al fogón y dejarlo hablar. La última línea es la que el pueblo eligió para cerrar su promesa: «Cuando se vaya llevará consigo el regalo de tu hermandad que mejora al hombre».
Maita Barrenechea retomó esa imagen en su discurso. «En Areco la tradición es un culto y la hospitalidad se respira. Siempre hay un lugar más en el fogón», dijo. Y agregó: «Los buenos anfitriones forman buenos huéspedes».
La elección del texto de Güiraldes se relaciona con el centenario de Don Segundo Sombra, novela publicada en 1926 que convirtió a un paisano de Areco, Segundo Ramírez, en el arquetipo del gaucho. Güiraldes murió en París en octubre de 1927. Cuando sus restos llegaron al pueblo, Ramírez estaba entre los paisanos a caballo que acompañaron el cortejo. En el cementerio, Leopoldo Lugones resumió la escena: era la primera vez que el personaje enterraba al autor.
En 1938 se inauguró el Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, impulsado por José Antonio Güiraldes, hermano del escritor e intendente. Un año después, una ley provincial instituyó el Día de la Tradición cada 10 de noviembre, con Areco como sede. Luego llegaron las declaratorias: el casco histórico como Bien de Interés Histórico Nacional en 1999 y el título de Capital Nacional de la Tradición en 2015.
El turismo acompañó cada etapa. Primero las escapadas en auto desde Buenos Aires, después las estancias reconvertidas en hospedaje y días de campo, y más tarde una oferta gastronómica y hotelera en crecimiento. Según el censo de 2022, el partido tiene poco más de 26.000 habitantes.
En 2013, la antropóloga Cecilia Pérez Winter documentó el uso del término «Gaucholandia» para criticar la puesta en escena de la tradición para consumo turístico. El decálogo arequero puede leerse como una respuesta a ese riesgo, según sus impulsores.
La Promesa Argentina nació como una invitación individual. Quien la firma se compromete a viajar por el país de otra manera: conocer los territorios y sus historias, acercarse a la gente que los habita y dejar lo que el movimiento llama una «huella buena». Dos de sus lemas son «Viajar es honrar» y «Viajar es sembrar vínculos».
Maita Barrenechea es la fundadora de La Promesa Argentina y tiene más de cuatro décadas como referente internacional del turismo argentino. La iniciativa funciona con un equipo de embajadores y un Consejo Federal. La frase que guía al movimiento es: «Uno solo cuida lo que ama, y solo ama lo que conoce». Para Barrenechea, la secuencia completa tiene cuatro verbos: conocer, querer, cuidar y legar.
Con la firma de Areco nació también Pueblos con Promesa, la iniciativa con la que La Promesa Argentina busca sumar a otras comunidades. Sus impulsores aclaran que no es un sello ni una certificación: no se compra ni se otorga y, como expresa el acta, trasciende cualquier gestión. Cada pueblo escribe su propia promesa, la sella en un acto público y se compromete a renovarla con los años.
El camino combina tres líneas de trabajo: viajes territoriales, diálogos con la comunidad y acciones con propósito. Primero, el equipo visita el pueblo para conocerlo de cerca. En Areco, ese viaje incluyó talleres de plateros y sogueros, artistas y proyectos sociales y educativos. Durante la visita, un diálogo abierto invita a los vecinos a imaginar su propia promesa. En paralelo, el equipo se reúne con cooperativas y ONG locales para definir una acción concreta. Cuando la promesa está escrita, vuelven para sellarla y llevar adelante esa acción.
En Areco, después de la firma, la acción tuvo como protagonistas a las familias de CONIN, la organización que trabaja en la prevención de la desnutrición infantil y acompaña a las familias, y que en el pueblo lidera Wini Maino. Cincuenta personas, entre madres e hijos, recorrieron el Laberinto Pampa. Escucharon la Promesa Arequera, aprendieron sobre la tradición y la hospitalidad, y compartieron un té con alfajores donados por La Olla de Cobre. «Queremos sembrar desde la infancia el amor y el orgullo por el propio pago, cultivando el arraigo», dijo Barrenechea.
Maita Barrenechea también se refirió a las líneas de Güiraldes: «Ojalá puedan seguir regalando esa hermandad que mejora al hombre», dijo al cierre de la presentación de La Promesa Arequera.
En 1730, los pobladores de la frontera le hicieron un voto a un santo para que los protegiera. Ahora es el pueblo el que ofrece un lugar más en el fogón para el que llega, a cambio de que camine despacio.
