Saignon, un pueblo amurallado de 900 habitantes en la Provenza francesa, fue el hogar del escritor argentino Julio Cortázar entre 1968 y 1980. Allí escribió obras como «Rayuela» y «El Libro de Manuel».
Saignon es un pueblo de poco más de 900 habitantes que se aferra a una roca sobre el valle del Luberon, en la Provenza francesa, a cuatro kilómetros de la localidad de Apt. Sus calles empinadas, fachadas medievales con puertas de colores y una plaza con fuente del siglo XVI conforman uno de los rincones más preservados de la región. El escritor argentino Julio Cortázar tuvo una casa en el lugar.
El autor de 62 Modelo para armar compró a finales de 1968 un cobertizo de pastores a las afueras del pueblo y lo transformó en casa y taller junto a su primera esposa, Aurora Bernárdez. Vivió allí hasta 1980. En ese refugio escribió o terminó Rayuela, El Libro de Manuel y La vuelta al día en ochenta mundos, entre otras obras.
También hizo esculturas que nadie vio: caracoles pintados con círculos violetas y caras de detenidos políticos chilenos construidas sobre un póster del Comité de Liberación de Presos, con las últimas palabras de Salvador Allende escritas al dorso. La mayor parte de esas piezas terminó en la basura cuando la casa cambió de manos, pero varias fueron conservadas por un vecino y han sido exhibidas recientemente.
La casa de Cortázar fue reformada en profundidad y hoy funciona como residencia de vacaciones. Del espíritu original quedan el jardín, el banco de piedra donde el escritor tomaba mate, el salón con la mesa azul que pintó la artista mendocina Rosario Moreno, la mecedora británica y la biblioteca arrimada a la pared.
Qué ver en Saignon
El pueblo pertenece al departamento de Vaucluse, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. Su economía descansa sobre la viticultura, la lavanda, la miel y las trufas, dentro del Parque Natural Regional del Luberon, territorio con sello Unesco. La primera parada obligada es la Place de la Fontaine, el corazón social del pueblo. Una fuente monumental del siglo XVI, decorada con figuras alegóricas —la agricultura y la industria— obra del escultor Elzéar Sollier, preside la plaza bajo la sombra de plátanos centenarios.
Desde allí, el camino sube hacia Le Rocher de Bellevue, la gran roca de unos 30 metros que domina el pueblo y sobre la que se conservan restos de tres castillos medievales: dos torres y un torreón. El ascenso por la escalera de piedra es corto pero pronunciado. La recompensa es una vista panorámica de 360 grados sobre el Parque del Luberon, los Monts de Vaucluse y, en días despejados, el Mont Ventoux.
La iglesia de Notre-Dame-de-Pitié data del siglo XII y combina elementos románicos y góticos. Fue etapa de peregrinación para quienes recorrían la Vía Domitia hacia Roma y para los peregrinos italianos que se dirigían a Santiago de Compostela. Conserva en su interior el relicario de la Santa Cruz y frescos recientemente restaurados. Junto a la iglesia, la puerta de la ciudad y los restos de las murallas medievales se recorren por la rue de l’Horloge. Los lavaderos, con sus tres piletas alimentadas por manantiales de Valsorgues, fueron durante siglos el punto de encuentro de los vecinos.
A las afueras del pueblo, la abadía de Saint-Eusèbe tiene sus orígenes en una estructura del siglo VI. Fue reconstruida en el siglo XI, vinculada a la abadía benedictina de Saint-Gilles en Languedoc, y el papa Urbano II la consagró en 1096. Hoy la iglesia abacial funciona como galería de arte y puede alquilarse para eventos privados.
Saignon funciona como base para explorar el Luberon. Desde allí se llega en minutos a Roussillon y sus canteras de ocre, a Gordes y la abadía de Sénanque, a Bonnieux, Ménerbes y Lourmarin.
