Un equipo de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Múnich publicó un artículo en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society que analiza si la luna marciana Fobos es un asteroide capturado o el resultado de un gran impacto. El estudio se centra en el cráter Stickney y en la modelización del campo gravitatorio del satélite.
La luna Fobos, ubicada cerca de Marte, vuelve a concentrar la atención científica. Un nuevo trabajo busca aclarar si este satélite nació como asteroide capturado o como resultado de un gran impacto, una diferencia que también define cómo se formó su interior.
La edad atribuida al cráter Stickney, que se encuentra en Fobos, cambia según el escenario de origen. Bajo la hipótesis del gran impacto, el cráter de 9 km de diámetro podría remontarse a hace 4.200 millones de años; en la hipótesis de captura de un asteroide, su formación sería mucho más reciente, de unos 2.600 millones de años.
El punto de partida para resolver esa disputa está en modelizar pequeñas variaciones geofísicas en la zona del cráter. El problema es que la estructura interna de Fobos sigue sin conocerse con precisión.
Benjamin Haser, estudiante de doctorado en ciencias planetarias en la Universidad de las Fuerzas Armadas de Múnich, dijo que el episodio de Stickney fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Fobos y que entenderlo mejor puede ayudar a explicar el origen de la luna.
Haser y Thomas Andert sostuvieron en un artículo de Monthly Notices of the Royal Astronomical Society que las estimaciones actuales apuntan a un interior poroso, con posible presencia de hielo de agua y una mayor concentración de masa en la región ecuatorial. En ese marco, el mapeo detallado del campo gravitatorio aparece como la vía central para poner a prueba esas ideas.
La hipótesis que guía ese análisis es concreta: el impacto que produjo Stickney habría dejado una zona localizada de material densificado bajo la superficie. Para los autores, esa huella debería reflejarse en la señal gravitacional de la luna.
Fobos, explicó Haser, no es simplemente una roca en órbita. Aunque su diámetro medio es de apenas 22,2 km y completa una vuelta alrededor de Marte en siete horas y 39 minutos, presenta rasgos que lo convierten en un objeto mucho más complejo para la geofísica planetaria.
Las dos teorías principales siguen abiertas. Una plantea que un gran impacto sobre Marte lanzó fragmentos al espacio, esos restos formaron un disco de escombros y de allí surgieron Fobos y Deimos; la otra propone que ambas lunas eran asteroides que fueron capturados por la gravedad marciana.
Haser sostuvo en su trabajo presentado en la EGU 26 que determinar el campo gravitatorio de Fobos es un paso básico para delimitar su interior y, por extensión, su origen. Esa relación entre gravedad, estructura y formación es el centro de la discusión actual.
Una de las dificultades es física. Haser planteó que un impacto como el de Stickney habría destruido Fobos, salvo que el satélite hubiera tenido una densidad homogénea muy baja, similar a una esponja capaz de absorber parte de ese golpe; además, en la zona del impacto debió alcanzarse una temperatura suficiente para fundir y comprimir la roca situada debajo.
Al mismo tiempo, el propio investigador consideró que la forma irregular de Fobos encaja bien con el escenario de un asteroide capturado, porque se parece mucho a un cuerpo compuesto por escombros. Esa compatibilidad parcial con una hipótesis y no con otra es precisamente lo que mantiene abierto el debate.
El científico resumió esa tensión con una observación más amplia: cuesta integrar en una sola imagen geofísica el campo gravitatorio actual de Fobos, su forma, su densidad, sus características espectrales y su evolución orbital. A eso se suma que su cercanía a Marte y su geometría hacen mucho más difícil interpretar tanto su gravedad como su estructura interna.
En sus palabras: “En el artículo, investigamos cómo una masa comprimida bajo el cráter Stickney afecta la señal gravitacional de la pequeña luna, sus momentos de inercia y la amplitud de libración”. Esa libración describe cómo Fobos se tambalea y oscila.
La órbita de Fobos añade otra capa de interés. Según Haser, se trata de una trayectoria muy particular porque la luna está muy cerca de Marte, desciende lentamente en espiral y con el tiempo terminará afectada por el planeta o chocará contra él.
Esa evolución convierte a Fobos en un registro del pasado y también en un sistema que sigue cambiando. Por eso, la próxima misión MMX de exploración de las lunas marcianas, con lanzamiento previsto para fines de 2026, intentará establecer una órbita alrededor del satélite.
Se trata de una maniobra complicada porque el campo gravitatorio de Fobos queda ampliamente dominado por el de Marte. Pese a esa limitación, la nave principal llevará dos sistemas de muestreo para recolectar material superficial.
De acuerdo con la Agencia Espacial Japonesa y con el aporte de la NASA en uno de los instrumentos, un muestreador central recogerá material hasta 2 cm de profundidad y un sistema neumático usará gas a presión para elevar partículas hacia un contenedor. Todas esas muestras serán enviadas a la Tierra a mediados de 2031 en una cápsula diseñada para soportar la reentrada atmosférica.
Para Haser, la pregunta decisiva no se limita a la composición de Fobos. El mayor enigma es qué clase de estructura interna puede explicar al mismo tiempo todas sus propiedades observadas, desde su forma hasta su gravedad, y esa respuesta es la que permitirá distinguir entre la captura, la formación a partir de escombros de impacto o un origen mixto más complejo.
