Keir Starmer anunció que dejará el cargo de primer ministro de Reino Unido tras una caída en su popularidad, allanando el camino para que Andy Burnham intente sucederlo.
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, renunció a su cargo. En un anuncio realizado la mañana del lunes en Downing Street, Starmer dijo que primero renunciará como líder del Partido Laborista. Las nominaciones para elegir a su sucesor se abrirán el 9 de julio y cualquier contienda deberá concluir antes del final del receso parlamentario de verano, el 1 de septiembre. Añadió que permanecerá en el cargo hasta que concluya el proceso y garantizará “una transición ordenada del poder” hacia el ganador.
“La pregunta que mi partido se está haciendo ahora es si soy la persona más indicada para liderarnos hacia las próximas elecciones generales. He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario”, dijo Starmer, agregando que acepta el veredicto con “buena disposición”.
La salida de Starmer abre la puerta al quinto primer ministro de Reino Unido desde 2022. Burnham aparece como el sucesor más probable, luego de que la semana pasada derrotó con claridad a Reform UK para ganar su escaño parlamentario en Makerfield, cerca de Manchester. Bajo el liderazgo de Starmer, la formación populista de Nigel Farage, que encabeza las encuestas nacionales de intención de voto, había conquistado todos los puestos municipales en disputa en esa misma zona apenas seis semanas antes.
El exsecretario de Salud Wes Streeting, que abandonó el gabinete de Starmer tras las elecciones municipales, ha dejado clara su intención de competir por el liderazgo. Sin embargo, según las reglas del Partido Laborista, los aspirantes necesitan el respaldo de una quinta parte del grupo parlamentario laborista, y no está claro que cuente con el apoyo de 81 legisladores para forzar una contienda frente a Burnham.
Al presentar una fecha para su salida, Starmer respondía a las exigencias de decenas de diputados de su propio partido y también de ministros del gabinete, incluido el secretario de Energía, Ed Miliband, quien incluso antes de las elecciones locales del mes pasado había instado en privado al primer ministro a establecer planes para una “transición ordenada”.
Las elecciones locales de comienzos de mayo cristalizaron la rebelión. Tras esos resultados, cerca de una cuarta parte de los 403 diputados laboristas pidió la salida del primer ministro. El partido perdió casi 60% de los escaños que defendía, mientras que Reform UK y el Partido Verde lograron importantes avances.
Una semana después de esas elecciones, Josh Simons anunció que dejaría su puesto como representante de Makerfield para facilitar que el alcalde del Gran Manchester, Burnham, obtuviera el escaño parlamentario que necesitaba para desafiar a Starmer por el liderazgo. Tras haber impedido previamente que Burnham se presentara en otra elección especial a principios de año, esta vez el primer ministro no pudo evitar que apuntara a ese distrito.
Antes de que Starmer saliera del número 10 de Downing Street la mañana del lunes, empleados formaron una fila en el exterior junto con aliados clave del primer ministro, entre ellos el viceprimer ministro, David Lammy, el secretario principal del primer ministro, Darren Jones, y el fiscal general, Richard Hermer. Luego, cuando comenzó a hablar, manifestantes en la cercana Whitehall hicieron sonar las notas corales de la Oda a la Alegría de Beethoven, himno de la Unión Europea, de la que Reino Unido votó salir hace una década.
Starmer inició su intervención con un resumen de sus logros al transformar un Partido Laborista que, según dijo, hace seis años estaba “política, financiera y moralmente en bancarrota”. “El arduo trabajo del cambio tuvo un único propósito: no el poder por el poder mismo, sino cambiar Reino Unido para mejor, construir un país más justo con dignidad y respeto”, afirmó.
Destacó como principales logros el fortalecimiento de la economía, la reducción de las listas de espera del Servicio Nacional de Salud, la mejora de los derechos laborales y la salida de medio millón de niños de la pobreza. También mencionó el apoyo británico a Ucrania y el fortalecimiento de los vínculos con la Unión Europea seis años después de completarse el brexit.
Ofreció a su sucesor su “apoyo total e inequívoco”, señalando que heredará “un Reino Unido mucho más fuerte y más justo que el que yo heredé hace dos años, mejor preparado para los desafíos futuros y más capaz de garantizar que el Partido Laborista consiga un segundo mandato”. Luego, la voz del primer ministro se quebró al agradecer a su familia y afirmar que, tras renunciar, dedicará más tiempo a ella.
