lunes, 4 mayo, 2026

La vida de J.M. Barrie, el creador de Peter Pan: entre la pérdida y la imaginación

James Matthew Barrie, el escritor escocés que dio vida al niño que no quería crecer, tuvo una infancia marcada por la tragedia y una adultez dedicada a los juegos y la literatura. Su obra más famosa, Peter Pan, refleja las obsesiones y experiencias que lo acompañaron toda su vida.

Volar, volar hacia cualquier dirección, excepto hacia el mundo adulto. Eso es lo que transmitió James Matthew Barrie, quien se dedicó a contar historias. Para este escocés la escritura no fue solo una forma de subsistencia, sino parte de un juego que decidió jamás abandonar.

El creador de Peter Pan nació en un pueblecito de Escocia el 9 de mayo de 1860. Educado en aquellas tierras, se mudó a Londres cuando tenía cerca de 25 años. Fue justamente en la capital del Reino Unido donde sus obras de teatro le dieron un éxito imborrable. Así y todo, sus desarrollos literarios no se forjaron sin pena.

“El horror de mi infancia es que yo sabía que se acercaba el tiempo en que debía renunciar a mis juegos. Eso me parecía intolerable, entonces resolví seguir jugando en secreto”, señaló el propio Barrie en el libro biográfico que dedicó a su madre en 1896, un año después de que esta falleciera.

Con tan solo seis años, Barrie experimentó el trauma que puede causar una muerte inesperada. Su hermano mayor David —uno de los diez hijos que tuvieron David Barrie y Margaret Ogilvy— padeció un trágico accidente. Mientras patinaba sobre un lago helado tuvo una caída letal. Esa desgracia fue un punto de quiebre para la responsable de la multitud hogareña. “Ella se obsesionó con el niño que nunca crecería”, describió el escritor escocés Alistair Moffat en su libro Scotland’s Forgotten Past.

Por su parte, el pequeño Barrie vio en el pronto partir de su hermano —que tenía 13 años— el adiós al “hijo favorito”. Aquello no lo detuvo y se esmeró en hacer sonreír a su madre nuevamente. Se vestía con la ropa de su hermano fallecido y hasta intentaba imitar su silbido. La más adulta del hogar empezó un tortuoso luto en su habitación. Como resultado, su estado anímico llevó al dislocamiento de la familia. Es que ella era la fuerza motriz. Ante su repliegue, la hermana mayor de Barrie se puso al hombro las tareas de la casa. Vale aclarar que el padre era un tejedor sin influencia doméstica.

Cuando su madre salió de la angustia mayor, empezó a alimentar en Barrie el gusto por la ficción: le leía cuentos. Aunque en esos ratos también había lugar para biografías de “hombres que habían sido buenos con sus madres”, contó Susan Aller en su libro J.M. Barrie: The Magic behind Peter Pan. Por su parte, la emoción de Peter Pan con Wendy da cuenta del valor que su autor le otorgó a las madres protectoras. En la célebre trama, el personaje expresa sobre la jovencita: “¡Oh, qué placer nos traerá! Nos hará bolsillos y nos cantará. Nos contará historias que anhelamos escuchar una y otra vez. Nos estará esperando en la puerta. Ya no estaremos solos […] Tenemos una madre. ¡Por fin tenemos una madre!”.

“Nada de lo que sucede después de los doce años importa demasiado”, escribió Barrie en el libro biográfico mencionado al comienzo de este artículo. Esa frase podría tener como fundamento el inicio de la adolescencia, la etapa en que murió su hermano mayor. Pero en realidad es una de las tantas inspiraciones que le dio Robert L. Stevenson, el autor de La isla del tesoro, en las cartas que se intercambiaron. Si bien los memorables escritores escoceses no llegaron a conocerse en persona, empezaron a intercambiar correspondencia en 1892. En algunas cartas se vieron coincidencias con lo que ocurre en Peter Pan, según los papeles que encontró el profesor escocés Michael Shaw, publicados en el libro A Friendship in Letters. Barrie admiraba al autor de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, quien por entonces vivía en el archipiélago de Samoa. Precisamente una de las indicaciones que este le dio en caso de que fuera a visitarlo recuerda a “la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer…”, que exclama el travieso que no crecía. Aunque en la historia lo hace para señalar la isla fantástica de Nunca Jamás.

Los primeros trabajos de Barrie para periódicos locales comenzaron en su época universitaria en Edimburgo, la capital de Escocia. Una vez graduado ingresó como redactor al periódico Nottingham Journal, de la ciudad homónima. En 1904 se estrenó en Londres su obra de teatro Peter Pan, el niño que no quería crecer, a la cual siete años después le dio una versión novelada. Antes de eso ya contaba con las aclamadas producciones teatrales Quality Street y The Admirable Crichton en la metrópoli a la que se había mudado en 1885.

Fue justamente en una función de teatro donde encontró a su pareja, nada menos que una actriz. Era Mary Ansell, con quien se casó en 1894 pero se separó quince años después. A pesar de que el matrimonio no funcionó, hubo un involucrado que acercó a Barrie a los niños que serían su principal fuente de inspiración para Peter Pan. Ese ser fue nada menos que un perro San Bernardo, de la misma raza que Nana, la perra que aparece en el famoso cuento de hadas. En la vida real fue adoptado por Barrie y Ansell durante su luna de miel. Uno de sus lugares de paseo eran los Jardines de Kensington. Allí el dramaturgo conoció a algunos de los hijos de Arthur y Sylvia Llewelyn Davies, quienes se convirtieron en la inspiración para los personajes de la historia.

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