A medida que la recesión y la caída de los salarios avanzan, los mecanismos de control del Gobierno pierden efectividad.
Las anclas que el Gobierno había dispuesto para contener la inflación comienzan a mostrar signos de agotamiento. La recesión económica y la caída de los salarios reales afectan la capacidad de sostener los precios, generando incertidumbre sobre la evolución futura del costo de vida. Analistas consultados señalan que, sin una reactivación de la demanda, la desaceleración inflacionaria podría estancarse o incluso revertirse en los próximos meses.
