El actor argentino compartió durante años su hogar con perros, gatos, tortugas y hasta un sapo, en un espacio marcado por el humor y el compromiso con el bienestar animal.
Luis Brandoni y Saula Benavente compartieron su vida durante 13 años, dividiendo el tiempo entre la casa de ella en Palermo y el departamento de él en Retiro. A lo largo de esa década, su hogar fue compartido con Baldomero, el hijo de Saula, y una particular familia de animales: ocho tortugas, un sapo, varios gatos callejeros y tres perros.
Entre los caninos se encontraba Ema, una galga adoptada en Santa Fe a través de la Fundación Zorba, que solía pasear con una pequeña gatita blanca sobre su lomo. La acompañaban Pierre, un mestizo al que Brandoni llamaba «el capanga», y Sarmiento, un callejero nombrado en homenaje al primer presidente argentino, reconocido por su protección a los animales.
El ambiente en la casa estaba impregnado del sentido del humor de la pareja. «Yo no tengo límites con los animales –decía Saula, riéndose–. Luis sí», comentaba en una entrevista realizada en 2017. En ese entonces, cada rincón de la planta baja en Palermo revelaba la presencia de un animal con su propia historia o apodo.
Saula recordó que su vínculo con los animales comenzó en su juventud, cuando una gata a punto de parir llegó a la puerta de su edificio. Brandoni, por su parte, siempre mostró una marcada preferencia por los perros. «Le encanta salir con ellos y que un perro vaya al lado de él por la calle», explicaba Saula.
Durante la charla, el actor reflexionó sobre el abandono animal y su relación con problemáticas sociales más amplias. «Creo que hay tantos animales abandonados porque hay mucha pobreza y abandono. Basta ver lo que pasa con miles de nenes viviendo tan precariamente para entender que hay partes de este mundo adonde hay otras urgencias», expresó. Sin embargo, consideró válido que distintas personas se ocupen de diferentes causas, ya sea el cuidado de animales, de ancianos o del medio ambiente.
Brandoni también se refirió con firmeza a la ley que prohíbe las carreras de galgos, calificando como «perverso» el maltrato animal por diversión o tradición. Al mismo tiempo, destacó los avances en la Ciudad de Buenos Aires en materia de espacios pet friendly, aunque señaló que persisten desafíos relacionados con la responsabilidad de algunos dueños de mascotas.
La terraza de la casa era un punto de encuentro diario para gatos callejeros y palomas que reconocían las rutinas de alimentación. Mientras Saula repartía comida, Brandoni solía salir a hacer mandados con los perros sueltos, quienes lo seguían. El sapo Roberto, por su parte, tenía hábitos nocturnos y circulaba libremente por toda la casa, completando el singular ecosistema doméstico de la pareja.
