De origen mediterráneo y con tradición en huertas familiares, la borraja destaca por su valor nutricional, facilidad de cultivo y atractivas flores azules, recuperando presencia en jardines y huertos argentinos.
La borraja (Borago officinalis) fue una planta habitual en las huertas familiares que, tras un período de relegamiento, vuelve a ganar interés por sus cualidades nutricionales y su adaptabilidad. Originaria de la cuenca mediterránea oriental y del norte de África, fue apreciada por romanos y árabes, quienes la consumían en diversas preparaciones culinarias.
Según Gabriela Escrivá, especialista en huerta orgánica, la borraja se destaca por su aporte de hierro vegetal, además de otros minerales y compuestos antioxidantes. Sus hojas y tallos tiernos, siempre consumidos cocidos, formaron parte de la cocina popular durante siglos. La planta llegó a Argentina con las corrientes migratorias de españoles e italianos, quienes la cultivaban a escala familiar.
La borraja se desarrolla bien en climas templados y se adapta a diferentes condiciones de suelo y humedad. Es una aliada para la biodiversidad del jardín, ya que sus flores azules intensas atraen abejas y abejorros, mejorando la polinización de cultivos cercanos. En Argentina, la variedad más frecuente es la de flor azul, aunque existe también una hortícola de flor blanca, de menor altura y hojas más grandes.
Su rusticidad es otro punto a favor: no suele presentar plagas o enfermedades importantes, prefiere exposición a pleno sol y riego moderado. Se siembra en almácigo desde la primavera y puede plantarse en suelo directo con buen drenaje. Si se la deja semillar, puede reaparecer espontáneamente en temporadas siguientes.
El nombre botánico Borago significa en latín «pelo rígido», una característica que desaparece con la cocción, dejando una textura suave y un sabor delicado. En un contexto donde se valorizan los alimentos funcionales y las huertas urbanas, la borraja combina nutrición, belleza y resiliencia, posicionándose como una candidata para recuperar un lugar central en el jardín argentino.
