El intercambio de cuidado de mascotas por alojamiento gratuito gana adeptos globalmente, ofreciendo una experiencia de viaje más profunda y económica.
Eugenia Camuña, una psicóloga argentina de 61 años, lleva cuatro años viviendo en casas ajenas alrededor del mundo, cuidando mascotas a cambio de alojamiento. Su experiencia refleja una tendencia en aumento: el pet sitting como forma de viajar.
El término «pet sitting» fue documentado por primera vez en 1978 en el Washington Post. La estadounidense Patti Moran es considerada pionera al profesionalizar el sector con su libro «Pet Sitting for Profit» (1987) y fundar la asociación Pet Sitters International (PSI) en 1994.
Un punto de inflexión llegó en 2010 con la creación de TrustedHousesitters, una plataforma que conecta a dueños de mascotas con viajeros dispuestos a cuidarlas a cambio de hospedaje gratuito. Actualmente, la plataforma cuenta con más de 240.000 miembros en unos 180 países.
Esta modalidad dista del turismo tradicional. No implica pagar por hotel, pero conlleva responsabilidades específicas: alimentar a los animales en horarios establecidos, pasearlos por rutas definidas y mantener el hogar. Los viajeros suelen alojarse en viviendas residenciales, lo que les permite una inmersión más lenta y local en el destino.
El crecimiento del trabajo remoto y del estilo de vida nómada digital ha contribuido al auge de alternativas como el house sitting y, dentro de él, el cuidado de mascotas. Además de TrustedHousesitters, existen otras plataformas como HouseCarers, Nomador o MindMyHouse, con funcionamientos similares.
