El calendario hebreo es de tipo lunisolar y rige las festividades judías. En 2026, Rosh Hashaná se celebrará del atardecer del viernes 11 de septiembre al anochecer del domingo 13 de septiembre.
El calendario hebreo se rige por ciclos astronómicos distintos al gregoriano. Esta diferencia marca el inicio del año 5787 en septiembre de 2026.
El paso del tiempo bajo la tradición judía no sigue el compás del calendario civil que rige la mayor parte de las actividades cotidianas en el mundo. Mientras la sociedad occidental marca el inicio de un ciclo el 1° de enero, la comunidad judía se prepara para recibir el año 5787 en el mes de septiembre. Esta distinción radica en la naturaleza técnica del calendario hebreo, un sistema lunisolar que define sus fechas a partir de los ciclos combinados del Sol y la Luna, a diferencia del gregoriano, que es estrictamente solar.
En este 2026, el Rosh Hashaná, conocido como el Año Nuevo Judío, comenzará el viernes 11 de septiembre al atardecer y se extenderá hasta el anochecer del domingo 13 de septiembre. Esta fecha no es fija en el calendario civil debido a la complejidad de ajustar los meses lunares con el año solar, lo que obliga a recalcular cada periodo para mantener la coherencia astronómica y tradicional. Según la costumbre, esta festividad marca los dos primeros días del mes de Tishrei, el séptimo mes dentro del cómputo hebreo, y actúa como el umbral de un periodo de introspección para los fieles.
La razón de esta diferencia temporal reside en el origen del calendario hebreo. El sistema gregoriano, adoptado universalmente para cuestiones civiles, cuenta los días mediante un método solar que ignora las fases lunares. El calendario judío, en cambio, otorga importancia a los ciclos del satélite natural, razón por la cual la duración de los días, los amaneceres y los anocheceres fluctúan según las estaciones y la posición geográfica. Por ello, la llegada de Rosh Hashaná varía año tras año en los calendarios occidentales, aunque siempre ocurre en fechas cercanas al noveno mes del año civil.
El significado de Rosh Hashaná trasciende la simple conmemoración de un cambio de calendario. Representa el fin del mes de Elul y la entrada en Tishrei, una etapa definida por la solemnidad, el arrepentimiento y la reflexión personal. La tradición sostiene que este es el momento clave para que las personas busquen ser inscriptas en el Libro de la Vida. Este concepto representa la preparación espiritual necesaria ante lo que la fe denomina como el juicio divino. Es, en esencia, un tiempo donde el individuo realiza un balance de sus acciones pasadas y renueva sus intenciones para el ciclo que comienza.
Durante estos días, la comunidad mantiene tradiciones específicas que incluyen lecturas sagradas, oraciones y el consumo de comidas típicas que simbolizan los deseos de bienestar. Es frecuente escuchar entre los fieles saludos como “Shaná Tová”, que se traduce como “buen año”, o la expresión “Ketivá vejatimá tová”, cuyo sentido profundo desea que la persona sea sellada para un buen ciclo vital. Estos gestos verbales sintetizan el anhelo de alcanzar un periodo marcado por la bendición, la prosperidad y la rectitud moral, factores que guían la conducta de los creyentes durante este tiempo de introspección.
La particularidad de este calendario, al ser lunisolar, permite que la celebración mantenga su vinculación con los ritmos naturales y astronómicos que definieron la vida judía desde la antigüedad. Cada Rosh Hashaná es una oportunidad para reafirmar la identidad comunitaria y el compromiso con los valores espirituales. Así, el 2026 se presenta como un hito para la llegada del año 5787, un número que refleja la historia milenaria de esta cultura frente a la modernidad del calendario civil que utiliza la mayor parte del planeta. El ajuste anual entre ambos sistemas asegura que esta fecha solemne cumpla siempre su rol dentro de la estructura estacional del hemisferio, permitiendo que la reflexión y la esperanza se renueven bajo el signo de Tishrei. Los preparativos para este evento son intensos y simbolizan una pausa necesaria para la introspección antes de iniciar los desafíos que trae consigo el nuevo número en la cuenta regresiva del tiempo hebreo.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.
