El 7 de agosto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán suscribieron en La Meca un pacto de defensa mutua que establece que un ataque contra uno de los tres será considerado un ataque contra todos. El acuerdo, gestado durante meses, modifica el equilibrio de seguridad regional.
El 7 de agosto, en la ciudad de La Meca, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron el Pacto de Defensa Conjunta. El tratado establece una cláusula de defensa colectiva similar al artículo 5 de la OTAN: un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado automáticamente como un ataque contra todos.
El proceso diplomático comenzó el 17 de septiembre del año anterior con un acuerdo bilateral entre Riad e Islamabad. Turquía inició su adhesión formal en enero. El pacto no contempla un mando militar integrado en su fase inicial.
Composición de la alianza
Arabia Saudita aporta poder económico, basado en el petróleo y su influencia política y religiosa sobre los lugares sagrados del Islam. El acuerdo respalda sus planes de desarrollo socioeconómico e infraestructura, conocidos como Visión 2030, liderados por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán.
Turquía contribuye con capacidad militar y una industria de defensa en expansión. En 2023, Ankara firmó su mayor contrato de exportación militar al vender drones a Riad.
Pakistán es el único país musulmán con armas nucleares y cuenta con un programa de misiles balísticos. Históricamente, Riad financió este programa y, a cambio, Islamabad ha brindado entrenamiento, tropas para custodiar fronteras saudíes y liderazgo en sus fuerzas antiterroristas.
Contexto regional
La escalada bélica en Medio Oriente, iniciada el 28 de febrero con ataques militares coordinados de Estados Unidos contra Irán, generó respuestas de fuerzas iraníes y grupos aliados contra objetivos estadounidenses y de sus socios en Arabia Saudita, Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Jordania e Israel.
Estados Unidos gastó 37 millones de dólares en esfuerzos de contención. Las dudas sobre su capacidad para interceptar drones y misiles motivaron a los países de la región a buscar alternativas de seguridad.
El tráfico en el estrecho de Ormuz, que habitualmente registraba entre 130 y 140 navíos diarios, se redujo a unos pocos barcos. En el estrecho de Bab el-Mandeb, el tránsito cayó a un solo barco, la cifra más baja en veinte años.
Implicancias frente a Irán e Israel
El pacto establece un perímetro estratégico que se proyecta hacia los Balcanes, el Cáucaso, Asia Central y el mar Rojo. Sus firmantes buscan contener a Irán e Israel.
Frente a Irán, la alianza intenta frenar ataques contra infraestructuras energéticas saudíes. Irán, que mantiene control operativo sobre el estrecho de Ormuz, calificó el acuerdo como una muestra del “fracaso” de la política geopolítica estadounidense.
Pocos días después de la firma, los rebeldes hutíes atacaron un buque saudí y una refinería en Bab el-Mandeb. Pakistán y Turquía actúan como mediadores en el diálogo entre Washington y Teherán.
Respecto a Israel, los tres países firmantes unificaron una postura a favor de la Franja de Gaza. El pacto condena el ataque perpetrado contra Hamás en Catar y afecta los esfuerzos israelíes para incorporar a Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham.
Repercusiones globales
El acuerdo modifica el equilibrio de poder internacional. Arabia Saudita podría comenzar a comercializar petróleo en yuanes u oro, lo que impactaría en la hegemonía del dólar.
China podría beneficiarse mediante corredores logísticos seguros y estabilidad en el suministro energético, evitando puntos de estrangulamiento marítimo como el estrecho de Malaca.
India observa con preocupación el fortalecimiento militar de Pakistán. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se comunicó con su par indio, Narendra Modi, el día previo a la firma. Israel buscaría consolidar una alianza en el Mediterráneo Oriental con Grecia y Chipre para contener a Turquía.
