Flavio Soppelsa, cuarta generación de una familia de heladeros, transformó el oficio tradicional en un proyecto de diseño integral que combina gastronomía, arte y arquitectura en un local de Mendoza.
Flavio Soppelsa, integrante de la cuarta generación de una familia dedicada a la heladería, afirmó que se considera diseñador. En diálogo con este medio, explicó que su enfoque trasciende la elaboración de helados para abarcar el diseño de alimentos, la química, la arquitectura del local y el arte local.
Soppelsa sostuvo: “Soy bastante estructurado, por eso siempre me he regido por categorías a la hora de crear nuevos sabores. No ha sido de un día para el otro, sino que hemos trabajado mucho y el contacto con el cliente es el que va marcando el camino”.
La oferta de la heladería se organiza en familias temáticas: vinos, varietales del olivo, superalimentos y botánicos. El local, ubicado en Lavalle 24, en la capital mendocina, fue diseñado por Natalia Soppelsa, madre de Flavio, bajo la firma Dante Soppelsa, en honor a su padre.
Flavio relató que, durante el diseño del espacio, su madre convocó al artista Luis Quesada, quien propuso un mural con colores vibrantes y una pared de espejos para ampliar visualmente el salón. El edificio cuenta con cuatro niveles: subsuelo para sala de máquinas, planta baja para atención, primer piso para elaboración y cámaras frigoríficas, y segundo piso para depósito, oficinas y biblioteca.
En cuanto a la presentación de los productos, Soppelsa explicó que cada helado se moldea en el momento frente al cliente, creando formas tridimensionales como una rosa, que se convirtió en la firma del negocio. “Fui haciendo líneas y la gente empezó a admirar lo que hacía. Lo que empezó simple se fue refinando. Creamos una forma que se parece a una rosa y hoy esa es nuestra firma, nuestro logo”, declaró.
La historia familiar se remonta a 1927, cuando el bisabuelo de Flavio llegó a Mendoza desde Italia, junto a su hijo Ernesto, quien ya vendía helados en Europa. El padre de Flavio, Dante, comenzó a trabajar en la heladería a los 12 años. Tras el fallecimiento de Natalia, Flavio continúa al frente del negocio, que combina tradición y diseño.
