El doctor Doron Aurbach, académico de la Universidad Bar-Ilan, afirmó durante su visita a Buenos Aires que la crisis climática obliga a buscar soluciones tecnológicas para el almacenamiento de energía, ante la deforestación de selvas tropicales.
El doctor Doron Aurbach, académico de la Universidad Bar-Ilan, dialogó con DEF durante su reciente visita a Buenos Aires sobre los desafíos de la transición energética. “La naturaleza puede ayudarnos a hacer frente a la crisis climática si mantenemos vivas las selvas tropicales, que son un tesoro del mundo. Desafortunadamente, la deforestación y la destrucción de estos ecosistemas hacen que debamos interferir con la tecnología para alcanzar un punto de equilibrio”, afirmó.
“El hecho de que podamos comprender las leyes de la naturaleza es un don de Dios”, sostuvo el científico israelí, quien indicó que “el mundo nos ha sido arrendado para que respetemos esas leyes y hagamos buena ingeniería aplicada a la construcción, la electroóptica, la computación, la ingeniería eléctrica y demás áreas del conocimiento”.
El profesor emérito de la Universidad Bar-Ilan y director de su Centro de Energía y Sostenibilidad confesó haberse “enamorado” de la electroquímica en su juventud, cuando realizó su postdoctorado en la Case Western Reserve University de Cleveland, donde trabajó en el laboratorio de Ernest Yeager. Allí se especializó en sistemas de acumulación de energía y baterías de litio. “Tuvimos que construir un avión mientras volábamos”, ilustró.
La crisis climática y los desafíos de la transición energética
En diálogo con DEF, Aurbach explicó que la escasez de recursos fósiles ya no es un problema, ya que “los combustibles fósiles seguirán siendo suficientes e, incluso si nos quedáramos sin petróleo, tendríamos carbón para mil años más”. Sin embargo, señaló que “lo que nos obliga a pensar en soluciones es la crisis climática. De no hacerlo, el planeta se convertirá en un infierno”.
Consultado sobre el rol de la naturaleza, afirmó: “Brasil, Indonesia y otros países asiáticos y africanos pueden ayudarnos a mantener vivas las selvas tropicales. Con un buen manejo de estos ecosistemas, podríamos contener los efectos del cambio climático, a pesar del uso de los combustibles fósiles. Sin embargo, estos países necesitan producir alimentos y, progresivamente, van destruyendo esos ecosistemas. La deforestación nos lleva al desastre. Ahora, estamos en una situación en la que la naturaleza ya no puede ayudarnos a volver a un punto de equilibrio. Es entonces cuando tenemos que interferir con la tecnología”.
Las fuentes renovables y la electroquímica
Según Aurbach, los recursos disponibles incluyen energía geotérmica, hidroeléctrica, eólica y solar. “Hoy ya alcanzamos un flujo de producción y consumo de energía del orden de los 20 teravatios. La mayor parte de ella proviene de fuentes fósiles. Si pensamos en alternativas, la energía eólica tiene un límite, mientras que el sol provee energía ilimitada”, declaró. Agregó que la tecnología actual permite “sembrar” energía solar a través de paneles fotovoltaicos, con áreas desérticas suficientes y una tasa de conversión del 20 %. “El problema es el almacenamiento de la energía”, sostuvo.
Baterías y economía del hidrógeno
En cuanto al almacenamiento, Aurbach afirmó que “la electroquímica nos provee las mejores soluciones”. Señaló que las baterías de iones de litio se están desarrollando bien, pero advirtió sobre los peligros de la recarga rápida. “Debemos tener mucho cuidado, por ejemplo, con la recarga rápida de las baterías. Yo estoy en contra de este tipo de soluciones por sus peligros”, indicó. También mencionó que “no disponemos de recursos de litio suficientes en el planeta; y las baterías de sodio son el siguiente paso y una muy buena alternativa”.
Sobre las baterías acuosas, explicó: “Es un campo de investigación en el que estamos trabajando. Las baterías a base de soluciones acuosas no son inflamables, el proceso es seguro y la relación costo-eficacia es alta. Sin embargo, para la movilidad eléctrica, el inconveniente es la densidad energética”. Añadió que en la Universidad Bar-Ilan han desarrollado baterías de zinc-bromo para ampliar la “ventana” electroquímica, y que el desafío es lograr una vida útil más larga.
Respecto a la economía del hidrógeno, Aurbach sostuvo: “Otra forma de almacenar y convertir la energía es la descomposición y recombinación del agua. El reto es almacenar el hidrógeno a una presión de 700 atmósferas en contenedores que no sufran los efectos de la fragilización”. Mencionó que con contenedores de materiales compuestos se podría almacenar hidrógeno para vehículos y drones, y que “el hidrógeno funciona como un excelente combustible que no genera contaminación ambiental”. No obstante, advirtió que “si pensamos en grandes volúmenes de almacenamiento, no son suficientes las celdas de combustible y se necesita combinarlas con baterías”.
