El gobernador Axel Kicillof y el diputado nacional Máximo Kirchner mantienen diferencias que escalaron esta semana con críticas públicas de un dirigente cercano a Kirchner hacia el sector de Kicillof.
La última conversación política entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el diputado nacional Máximo Kirchner ocurrió el año pasado, durante la discusión sobre el armado de listas en la provincia. En 2026, ambos coordinaron la despedida del cantante Carlos “el Indio” Solari en Avellaneda, pero no volvieron a hablar de política.
Esta semana, Facundo Tignanelli, diputado bonaerense y cercano a Máximo Kirchner, comparó al sector de Kicillof con Augusto Vandor, figura histórica del peronismo asociada a la ruptura con Juan Domingo Perón. Tignanelli afirmó que la decisión del gobernador de tomar distancia de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner “es un parteaguas”. Según fuentes del kirchnerismo, no se comprende por qué Kicillof no visitó a Fernández de Kirchner más de una vez.
En su reaparición pública, Máximo Kirchner participó de un acto por el Día de la Independencia en Carmen de Areco, distrito del intendente Iván Villagrán, quien impulsa su candidatura presidencial para 2027. En su discurso, Kirchner criticó el modelo económico del presidente Javier Milei, mencionando la deuda externa, el RIGI, la eliminación de la zona fría, la caída del consumo de carne y leche, y la falta de balas y chalecos para la policía. También dijo: “No puede ser que las discusiones solamente pasen por algún hombrecito si se siente bien o mal tratado y no cómo se siente la gente. Ningún dirigente puede decir que es víctima de otro, la única víctima es la gente”.
Desde el entorno de Kicillof, la estrategia es el silencio. Según informó PERFIL, el gobernador instruyó a su equipo a no responder a las críticas. Una frase que resumen su postura es: “No pretendo ganar una discusión, pretendo ganar las elecciones”. El cálculo es que la pelea con el kirchnerismo solo beneficia a Kicillof si no se da, ya que sin respuesta el cristinismo pierde un rival.
El enojo entre las partes no disminuye. Máximo Kirchner decidió no avanzar por ahora, pero cada gesto —un acto en un distrito que lo impulsa a la Casa Rosada, la comparación con Vandor— marca una ruptura personal. No obstante, en el peronismo la unidad electoral no depende de que las heridas cierren. En las elecciones legislativas pasadas hubo unidad, y se espera que en 2027 la negociación de listas vuelva a ser necesaria. Cristina Fernández de Kirchner ha mediado en el pasado a favor del gobernador y otras veces de su hijo. Se desconoce si esta vez optará por el pragmatismo electoral o si las diferencias derivarán en estrategias y candidatos distintos.
