Una familia de San Martín de los Andes adoptó a Morena, una perra Schnauzer rescatada, que vivió once años con ellos. La historia, contada por Pablo Matilla, relata su adaptación, viajes y el final por cáncer avanzado.
Corría noviembre de 2012 cuando una familia en San Martín de los Andes comenzó a pensar en adoptar un perro. Pensaban en un Golden, pero el destino los llevó a Morena, una perra mediana tipo Schnauzer de pelaje negro.
Florencia, una docente de la zona, rescató a Morena en las inmediaciones de una escuela barrial. La hizo esterilizar y buscaba un hogar. Pablo Matilla, comunicador social y vecino de San Martín desde hace casi tres décadas, se enteró de su existencia a través de un amigo. Preguntó a su familia: «Hay una perrita recién castrada. Parece que estaba abandonada y Florencia busca una familia responsable. ¿La adoptamos?» La respuesta fue unánime: «Bueno, dale».
Morena entró al hogar con temor. «Nunca supimos por cuánto se multiplicaba el miedo en su cuerpo cuando sonaba un cohete o un grito en la calle», recordó Pablo. Con el tiempo, se adaptó. Descubrió la lluvia, la nieve y el futón. «Esquivaba sillas, obstáculos, lo que fuera; pero cuando todos dormíamos se iba al futón», contó Pablo.
Morena viajó a General Pico, Claromecó y Núñez. Cuando Pablo y su exesposa Rosana se separaron en 2021, Morena pasaba fines de semana en el departamento de Pablo. «Era el ser más bueno y adaptable que conocí», describió él.
Hacia el final, Rosana llamó a Pablo por una debilidad inusual en la perra. Las imágenes médicas arrojaron un diagnóstico de cáncer avanzado con metástasis. El 30 de enero de 2023, la familia tomó la decisión de evitarle el sufrimiento. Los cuatro —Pablo, Rosana, Jerónimo y Albertina— estuvieron presentes.
«La recuerdo como un ser que llegó a mi vida para enseñarme cosas que probablemente deba repensar siempre: no hacerse problema por cosas banales, ser feliz con lo que te toca, sentirte amado incondicionalmente», reflexionó Pablo. Morena descansa en el patio patagónico.
