viernes, 22 mayo, 2026

Lauren Elkin analiza la voz femenina como un derecho conquistado en su libro ‘Vocal Break’

La escritora franco-estadounidense Lauren Elkin examina en ‘Vocal Break’ cómo la voz femenina ha sido moldeada, vigilada y castigada a lo largo de la historia, y sostiene que cantar para las mujeres no es un gesto neutral sino un derecho conquistado tras siglos de silenciamiento.

La escritora y traductora franco-estadounidense Lauren Elkin publicó el libro Vocal Break, en el que analiza la voz femenina desde una perspectiva histórica y cultural. La obra, que combina memoria personal, crítica musical e historia cultural, se centra en las imperfecciones, los quiebres y la textura de la voz para explicar por qué los juicios sobre cómo cantan las mujeres también hablan de poder, identidad y libertad.

Elkin sostiene que cantar para las mujeres no es un gesto neutral, sino un derecho conquistado tras siglos de silenciamiento. El libro documenta violencias sufridas por artistas que se apartaron de la norma: Ari Up, de The Slits, fue apuñalada dos veces, y Tori Amos fue violada después de un concierto por un hombre que le exigió que cantara sus hits. También menciona que en Afganistán las mujeres tienen prohibido cantar en público y dejar oír su voz fuera del hogar.

La autora parte de una escena de su infancia en Northport, Long Island, donde una profesora de canto la hacía cantar frente a un espejo. Mientras interpretaba repertorio clásico italiano como soprano, debía sonreír, levantar las cejas para mejorar la colocación, respirar con el diafragma y alisar el quiebre vocal entre la voz de pecho y la de cabeza. Elkin afirma que practicó con disciplina hasta volver su voz «casi desprovista de rasgos», aunque en secreto quería rebelarse. Con el tiempo concluyó que habría preferido entender antes que podía «trabajar con, y no contra, las imperfecciones de mi voz».

En Vocal Break, Elkin estudia la voz femenina a partir de cantantes como Cyndi Lauper, Cynthia Erivo, Tori Amos, Beyoncé, Poly Styrene y Kathleen Hanna. A través de esas figuras, indaga en las reglas impuestas a las intérpretes y en las estrategias con las que muchas resistieron esas expectativas. La autora explica que se considera habilitada para ese recorrido porque «en esencia no soy escritora. Soy una música que terminó en la escritura».

El libro aborda cuestiones de autoimagen, prestigio, integridad y autenticidad, además de las restricciones del género musical y del efecto que los cambios del pop y del teatro musical tuvieron sobre la voz. Elkin se detiene en la historia del vocoder y en la popularidad actual del Auto-Tune. Aunque se define como «escéptica del Auto-Tune», reconoce el efecto logrado por Charli xcx en Brat, el álbum de 2024 que describe como definitorio de una era. Allí, dice, «el grano de su voz sigue presente», aunque pase por la máquina.

Uno de los argumentos centrales del libro es que el uso de la voz por parte de las mujeres nunca fue tratado como algo neutro. Elkin afirma que durante milenios fueron marginadas, silenciadas y sometidas a criterios distintos de los aplicados a los hombres, y que todavía hoy se las critica por sonar demasiado fuerte, demasiado bajo, demasiado desafiantes o demasiado tímidas. Extiende la observación a las mujeres que hablan en público, en especial a las políticas, a quienes con frecuencia se tacha de estridentes. Por esa razón, recuerda, Margaret Thatcher recurrió a un entrenador vocal para bajar el tono de su voz.

Elkin describe el sonido de las voces: la de Cyndi Lauper tiene un «brillo metálico», y sobre Kathleen Hanna dice que es «insistente, cantarina, nasal, burlona, con subida al final de la frase y fritura vocal: todo lo que los hombres detestan de las voces de las mujeres». El ensayo se apoya en investigaciones que incluyen The Grain of the Voice de Roland Barthes, Lipstick Traces de Greil Marcus y la Odisea de Homero. Entre los datos que recupera aparece una expresión francesa para nombrar el acto de cantar una canción en un idioma desconocido: chanter en yaourt, literalmente «cantar en yogur».

También incluye el testimonio del empresario y editor musical Guillaume Biro sobre una actuación en vivo de Édith Piaf en el Olympia en 1956. Biro escribió: «Un placer inimaginable me quema las sienes y el corazón me late hasta el punto de estallar. Literalmente exploto en un orgasmo como nunca había experimentado, que me deja postrado en el asiento».

Elkin no formula una gran tesis única sobre la voz femenina más allá de una constatación: sus estilos son ricos y diversos, están sometidos a manipulaciones y críticas indebidas y suelen recibir poca atención de la industria musical. En el centro del libro queda otra convicción suya: «Creo que más gente debería estar cantando. Cantar tiene que ver con desear eso que está un poco más allá de nuestro alcance, y por eso lo amamos y lo necesitamos».

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