sábado, 2 mayo, 2026

Cuatro décadas de teatro: una reflexión sobre la práctica escénica en Argentina

Un director y dramaturgo argentino repasa 40 años de trayectoria teatral, desde sus inicios en Rafaela hasta la actualidad, analizando los cambios en las políticas culturales, la confusión entre los modos de producción y el papel del teatro como espacio de resistencia.

Un reconocido director, dramaturgo y gestor cultural argentino celebra cuatro décadas dedicadas al teatro, no como una celebración de una carrera, sino como una oportunidad para reflexionar sobre el sentido de su práctica. Inició su camino en Rafaela, una ciudad con tradición escénica gracias a la inmigración italiana, pero donde en su juventud nada indicaba que se pudiera construir una vida en torno a las artes escénicas.

Desde el principio, entendió que hacer teatro en serio implicaba no solo montar obras, sino también generar condiciones, formar públicos, inventar espacios y sostener equipos; en definitiva, producir un ecosistema. Esta experiencia, que luego se amplió con su paso por la gestión pública como director del Festival de Teatro de Rafaela, del Instituto Nacional del Teatro y del programa Iberescena, marcó su forma de pensar lo escénico como una práctica situada, en tensión con su contexto.

A lo largo de estas cuatro décadas, fue testigo de los vaivenes de las políticas públicas en relación con la cultura. Hubo momentos de expansión, donde el acceso, la producción y la circulación del teatro se pensaron como derechos, y otros de retracción, donde todo volvió a depender de la capacidad individual de sostener proyectos en condiciones precarias.

Más allá de esos ciclos, lo que hoy le preocupa es la pérdida de identidad en los modos de producción: el teatro público, el comercial y el independiente, históricamente diferenciados en sus lógicas, objetivos y formas de vínculo con el público, parecen cada vez más confundidos. El riesgo, advierte, no solo es económico o institucional, sino también simbólico: que el teatro pierda diversidad, espesor y capacidad de interpelación.

Si algo atravesó estos cuarenta años fue la necesidad de adaptación permanente. La falta, lejos de ser un obstáculo, fue siempre un motor. En esa falta aparecieron preguntas como: ¿qué se puede hacer con lo que hay?, ¿cómo sostener el deseo en contextos adversos?, ¿cómo no repetir formas que ya no interpelan? Interrogantes que hoy resuenan más que nunca en un momento bisagra.

En los últimos años, su trabajo se orientó a una indagación sobre el cruce entre lo escénico y lo audiovisual, explorando esa relación no como recurso, sino como lenguaje. Le interesa pensar cómo la escena puede expandirse, cómo la presencia del cuerpo convive con su duplicación, proyección y fragmentación. En obras como No yo, de Beckett, esa exploración se vuelve radical: una voz que insiste aun cuando no puede sostenerse en un cuerpo visible. En 0615 aparecen las formas en que los jóvenes construyen sus vínculos en un territorio mediado por la tecnología, donde lo íntimo y lo público se confunden. Y en Mis palabras, obra de su autoría que volverá a presentar en junio, ese recorrido se vuelve más personal: una investigación sobre los vínculos entre discapacidad, erotismo y creación.

No es casual que esos temas hoy estén en disputa. La sexualidad, los modos de vinculación, la discapacidad, aquello que desborda la norma, son territorios que ciertas políticas buscan directamente silenciar. Frente a eso, el teatro no ofrece respuestas: habilita una insistencia. Pone en escena aquello que incomoda, que no encaja, que resiste a ser reducido a un discurso único, hegemónico, muchas veces violento.

Hacer teatro hoy implica también sostener una práctica en la intemperie: seguir haciendo, seguir probando, seguir convocando, incluso cuando las condiciones materiales y simbólicas se vuelven cada vez más restrictivas. Después de cuarenta años, el autor no tiene certezas, pero sí una intuición que se repite: que el teatro, incluso en sus formas más frágiles, sigue siendo una manera de producir experiencia, de abrir preguntas, de interrumpir sentidos. Y que, en tiempos donde ciertas voces buscan ser acalladas, insistir en esa experiencia compartida es también una forma de resistencia.

Obras en cartel: ‘Mis palabras’, domingos 7, 14, 21 y 28 de junio a las 17 hs en El Excéntrico de la 18ª (Lerma 420, CABA). Entradas por Alternativa.

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