El emblemático edificio Alpargatas, ubicado en el barrio de Barracas, será sede de la edición 42 de Casa FOA en octubre de 2026, tras un proceso de restauración que combinará su valor patrimonial con nuevos usos.
Hay edificios que envejecen con dignidad y otros que lo hacen con elocuencia. El edificio Alpargatas, esa mole de ladrillo a la vista sobre la Avenida Regimiento de Patricios en Barracas, pertenece a la segunda categoría. Sus fachadas, hoy invadidas por la maleza, guardan en cada grieta una memoria que la ciudad ha preferido mirar de reojo durante mucho tiempo. Pero esa mirada está a punto de cambiar: en octubre de 2026, el edificio que fue nervio y músculo de la Argentina industrial acogerá la edición 42 de Casa FOA, la exposición de arquitectura, diseño interior y paisajismo más significativa de la región.
En 1885, el vasco Juan Echegaray y el ingeniero escocés Robert Fraser fundaron en este suelo la Fábrica Argentina de Alpargatas. Lo que nació como un taller artesanal creció hasta convertirse en uno de los complejos fabriles más extensos del país, ocupando manzanas enteras. Barracas era, en buena medida, Alpargatas, y Alpargatas era la Argentina que fabricaba y exportaba. El lenguaje arquitectónico elegido combinó fachadas de clasicismo severo —pilastras, arcos, cornisas de ladrillo cocido— con interiores de grandes ventanales, estructuras metálicas y madera, reflejando una estética funcional que hoy se valora como patrimonio.
En la década de 1930, el complejo se amplió con nuevos pabellones de hormigón armado, sumando un vocabulario minimalista. Luego vinieron las décadas de declive industrial y desindustrialización, y el edificio quedó resistiendo. La maleza que hoy cubre sus fachadas no es una señal de derrota sino una prueba de vitalidad subyacente. El ladrillo de 1890 soportó más de un siglo de intemperie sin ceder en lo estructural, lo que marca la diferencia entre una ruina y un hallazgo.
La operación que se avecina reconoce esa distinción. GES Desarrollos, con Fernando Barenboim al frente —el mismo arquitecto que lideró la reconversión del Molina Ciudad catorce años atrás—, abordará la restauración del complejo con una escala notable: 12.765 metros cuadrados de lote, una superficie total proyectada de más de 58.000 metros cuadrados, lofts dentro del edificio histórico, un atrio interior gastronómico y una articulación cuidadosa entre lo patrimonial y lo nuevo. Antes de que comience la obra, llegará Casa FOA, que desde su primera edición en 1985 ha funcionado como un revelador de espacios en transición. Los 5.700 metros cuadrados que recorrerán los visitantes serán una lectura del edificio: sus proporciones, sus materiales, la memoria de sus muros. Los 35 espacios intervenidos por arquitectos, interioristas y paisajistas no serán ambientaciones superpuestas, sino un diálogo entre el presente del diseño y el pasado de la industria.
