sábado, 25 abril, 2026

El irreverente origen de los nombres de las facturas clásicas argentinas

Detrás de nombres como vigilante, bola de fraile y cañoncito se esconde una historia de inmigrantes anarquistas que, a fines del siglo XIX, usaron la panadería para burlarse del poder.

Entre los distintos recuerdos y homenajes que se le hicieron en las redes sociales al recientemente fallecido Luis Brandoni, aparece una pequeña escena de la miniserie Nada. En ella, el personaje interpretado por el gran actor nacional le da a probar a su amigo estadounidense, Robert De Niro, dos productos típicos de la Argentina: facturas y mate. En la escena aparecen en primer plano, entre otras delicias, un cañoncito, un vigilante y una bola de fraile. De Niro repite cada uno de estos nombres con un español dificultoso, prueba el cañoncito y sentencia en italiano: “troppo dolce (demasiado dulce)”. Lo que quizás no sabe el actor es que una parte de la historia argentina se oculta tras el nombre de esas facturas.

Todo comenzó a fines del siglo XIX. Buenos Aires recibía en su puerto a miles de inmigrantes europeos que buscaban un futuro más próspero. Entre ellos llegaron activistas anarquistas, perseguidos en sus tierras de origen, que se involucraron en la lucha por mejorar las condiciones laborales de los obreros. Muchos de esos anarquistas trabajaron como panaderos. Dos italianos, Ettore Mattei y Errico Malatesta, llegaron al país en 1880 y 1885 respectivamente, y unieron fuerzas para crear la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, el primer sindicato de panaderos de la Argentina, fundado el 4 de agosto de 1887.

Meses después, a comienzos de 1888, la agrupación inició una huelga en reclamo de mejores condiciones laborales. Según algunas fuentes, durante esa huelga (o tiempo después) los panaderos anarquistas decidieron crear facturas con el fin de burlarse de los símbolos de poder. Así nació el vigilante, una factura de forma alargada que suele llevar crema pastelera y membrillo, cuya forma remite al bastón policial que solía usarse para reprimir a los manifestantes. El periodista Diego Zigiotto sugiere que la morfología de esta factura recuerda “un excremento”, lo que añadiría un tono de provocación directa.

Otra institución que recibió la ofensiva sarcástica fue la Iglesia Católica. “Ni Dios ni amo” era una consigna anarquista, y de allí surgieron nombres como bola de fraile, una factura esférica rellena de dulce de leche o crema pastelera, rebozada de azúcar. También se burlaron del ejército con las bombas y los cañoncitos, facturas con forma esférica o de tubo, rellenas de dulce de leche o crema pastelera y espolvoreadas con azúcar impalpable.

Fuera del universo dulce, se atribuye un origen anarquista a los libritos, masitas que aluden a la importancia de la lectura para aquellos rebeldes. También se dice que las cremonas, roscas de masa que se pueden ir arrancando pedazos, están compuestas de una serie de letras “A” (de anarquismo) unidas, aunque otros señalan que el nombre homenajea a la ciudad italiana de Cremona.

Para concluir, en 1957 el Congreso de la Nación oficializó el 4 de agosto como el Día del Panadero, en conmemoración de la creación del primer sindicato del rubro.

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