El reconocido autor estadounidense, ganador de un Oscar, presenta su nueva novela que aborda la historia de Israel y reafirma su compromiso inquebrantable con la escritura.
John Irving (Exeter, New Hampshire, 1942) escribe en una pequeña pantalla desde su despacho en Toronto, ciudad donde reside. A sus 84 años, mantiene una rutina diaria de escritura y una intensa actividad física. Acaba de publicar La reina Esther (Tusquets), una novela que lo lleva de regreso al universo del orfanato de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, obra que fue adaptada al cine como Las normas de la casa de la sidra, por cuyo guion recibió un Oscar.
La nueva obra narra la historia de Esther, una niña judía adoptada a principios del siglo XX por la familia Winslow, que sufre antisemitismo y con el tiempo participa en la creación del Estado de Israel. Paralelamente, se sigue la vida de su hijo Jimmy, criado en Estados Unidos. La trama permite recorrer la evolución histórica del país.
En una entrevista, Irving manifestó su postura frente a la escritura: «Escribo todos los días. No tengo planes de jubilarme. Preferiría morir con la cabeza sobre mi escritorio. Es una buena manera».
Respecto a La reina Esther, el autor la definió como «una novela projudía, proisraelí», que cree en el derecho de Israel a existir y protegerse. «Siempre fue mi intención crear una trayectoria para una sionista empática», explicó, detallando su objetivo de mostrar cómo el antisemitismo moldea una vida desde la infancia.
El escritor también se refirió al contexto político actual, expresando su crítica hacia el expresidente estadounidense Donald Trump, a quien calificó de «fascista en la Casa Blanca», y hacia la situación en Oriente Medio. Sobre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, opinó que la guerra actual «es la guerra de Netanyahu», al tiempo que criticó a grupos como Hamás y Hezbolá. Sobre el uso del término «genocidio» en el conflicto, Irving señaló que «demasiada gente usa la palabra generosamente» y que debería aplicarse también a «los grupos terroristas que han iniciado el conflicto».
El autor recordó el crecimiento de la violencia antisemita en Canadá, Estados Unidos y Europa, y afirmó que «hay una razón por la que se fundó Israel». Para muchos de sus fundadores, según Irving, era «el único lugar al que ir, no para estar a salvo, sino para poder defenderse».
