jueves, 13 agosto, 2026

Sleep Divorce: la tendencia de dormir separados para mejorar el descanso y la convivencia en pareja

Especialistas en sueño analizan la práctica de dormir en camas o habitaciones separadas como una estrategia para preservar la relación, desmitificando la idea de que la cama compartida es indispensable.

Dormir juntos ha sido tradicionalmente considerado un símbolo de intimidad y vida en pareja. Sin embargo, para muchas personas, compartir la cama puede convertirse en una fuente de mal descanso, irritabilidad y discusiones. Ante esto, especialistas en medicina del sueño hablan del «Sleep Divorce» o «divorcio del sueño», una práctica que no implica una crisis de pareja, sino que puede ser una estrategia para preservarla.

Joaquín Diez, especialista en psiquiatría y medicina del sueño, explica que la forma de dormir de uno puede afectar el descanso del otro, generando un círculo vicioso que termina impactando en la relación. «Damos por sentado que por estar en pareja hay que dormir al lado del otro, con los mismos hábitos y la misma rutina. Pero hay personas que necesitan condiciones diferentes para dormir bien, y eso empieza a generar competencia», señaló en diálogo con Punto a Punto Radio (90.7 FM).

El problema no siempre se limita a los ronquidos, que suelen ser el motivo más evidente. Los conflictos pueden surgir por movimientos durante el sueño, diferencias en la temperatura ambiente, horarios distintos, sensibilidad a la luz o a sonidos mínimos, e incluso la necesidad de silencio absoluto.

La solución puede variar: desde camas separadas en el mismo dormitorio hasta dormir en ambientes distintos. «Si uno necesita dormirse más temprano o más tarde, o si al otro le molesta hasta la luz del televisor apagado, tener un espacio propio permite resolverlo sin afectar al otro», explicó Diez.

Uno de los temores más frecuentes es la pérdida de intimidad. No obstante, la evidencia clínica sugiere lo contrario. «Cuando dormís mejor, el deseo aparece mejor. Hay más energía, más predisposición. En cambio, si dormiste mal, estás más hostil, con menos margen emocional, y eso atenta contra la intimidad», señaló el especialista.

El mayor obstáculo para adoptar esta práctica suele ser cultural, asociándose erróneamente a una crisis de pareja. «Muchas parejas dicen: ‘Si dormimos separados es porque estamos mal’. Y eso hay que desarmarlo primero dentro de la misma pareja», explicó Diez.

Esta dinámica no es necesariamente permanente. Puede ser temporal, intermitente o adaptarse a distintas etapas. Algunas parejas alternan noches compartidas y separadas, mientras que otras recurren a ella solo cuando uno necesita un descanso de mejor calidad.

Diez también aclaró que el sueño no debe idealizarse como un bloque de ocho horas continuas e ininterrumpidas. «Está sobrevalorado el sueño de corrido. Podés despertarte a mitad de la noche, volver a dormir y descansar bien igual», explicó. El problema actual, según el especialista, es que en general se duerme poco tiempo. «Dormimos poco. Entonces si además fragmentamos el sueño, sí puede afectar. Pero primero hay que garantizar un tiempo total razonable», concluyó.

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