La obra reúne testimonios de protagonistas de los años setenta, incluidas víctimas y familiares de ambos lados, en torno a la figura de Argentino del Valle Larrabure.
El libro Larrabure. Voces para el reencuentro parte de la voz de Argentino del Valle Larrabure, a partir de sus cartas y su diario de cautiverio escritos durante 372 días. Según el texto, de esos escritos surge un mensaje que incluye no odiar, saber perdonar, sostener límites morales y convocar a dirigentes y dirigidos a reflexionar sobre el destino común.
Alrededor de esa voz central se suman otras provenientes de sectores que estuvieron enfrentados durante los años setenta, incluidas víctimas y familiares de personas fallecidas de ambos lados. El libro señala que estos testimonios no interpretan de la misma manera los hechos ni distribuyen de igual forma las responsabilidades, y tampoco comparten las mismas ideas políticas. No obstante, registra una coincidencia: la posibilidad de encontrarse con el otro sin renunciar a las propias convicciones.
El texto sostiene que la voz de Larrabure abre el camino y que otras voces, incluso de experiencias enfrentadas, se aproximan a principios como perdón, límites morales, reencuentro y futuro. El autor afirma que ese mensaje sigue pasando por fuera del radar y que con frecuencia se juzga lo que alguien dice hoy por el lugar que ocupó hace medio siglo.
La obra plantea preguntas sobre los procesos judiciales en curso por hechos de aquellos años contra personas que entonces eran jóvenes y hoy son ancianas. Consulta si esos procesos contribuyen a cerrar las heridas o las mantienen abiertas, y si constituyen justicia o venganza. Respecto del perdón, el texto indica que no significa negar los hechos, borrar responsabilidades ni renunciar a la memoria, sino preguntarse en qué momento una sociedad decide dejar atrás una confrontación que no puede transmitirse indefinidamente de generación en generación.
El autor también se refiere a diferencias actuales, como la aparente oposición entre desarrollo económico y necesidades sociales. Sostiene que no debería aceptarse la lógica de que una dimensión debe derrotar a la otra, y que no habrá respuesta social sostenible sin desarrollo económico ni tendrá sentido el crecimiento si no mejora la vida de las personas.
El texto menciona que una nación madura no es aquella donde desaparecen las diferencias, sino la capaz de procesarlas, escuchar al otro y encontrar soluciones comunes. También menciona Malvinas como un tema de acuerdo esencial y afirma que no puede aceptarse como inevitable que la Argentina continúe postergando sus posibilidades. Finalmente, propone escuchar nuevamente a Larrabure y a las voces que lo acompañan, no para regresar a los años setenta, sino para escucharnos. «Una nación no se construye eliminando sus conflictos. Se construye aprendiendo a resolverlos sin destruirse. Eso es Larrabure», concluye el texto.
