lunes, 5 octubre, 2026

El Abasto: historia del mercado que dio identidad a un barrio de Buenos Aires

Inaugurado en 1893 y cerrado en 1984, el Mercado de Abasto Proveedor fue el centro comercial y cultural de una zona de Buenos Aires. En 1998 reabrió como centro comercial tras una inversión de 120 millones de dólares.

Durante casi un siglo, el Mercado de Abasto Proveedor funcionó como centro de comercialización de frutas, verduras y otros productos. Desde su inauguración en 1893 hasta su cierre en 1984, el edificio y su entorno concentraron actividades laborales, comerciales y culturales en una zona de Buenos Aires. Décadas después, el mercado se transformó en un centro comercial, pero su arquitectura conserva huellas de aquella historia.

El origen se remonta a fines de la década de 1880, cuando la zona entre la plaza Miserere y Almagro era un territorio de quintas y plantaciones. En 1875, la sociedad Devoto Hermanos adquirió terrenos para levantar un mercado que permitiera reubicar a los puesteros del Mercado Modelo, afectado por la apertura de la Avenida de Mayo. En 1889, la Municipalidad otorgó la concesión para construir un establecimiento destinado a la venta mayorista de frutas, verduras y otros artículos de abasto.

La primera construcción comenzó en 1890 y fue inaugurada en 1893. Proyectado por los arquitectos-ingenieros A. y D. Taglione, el mercado original era una estructura monumental de hierro, con piezas fabricadas por los talleres Vasena. Doce naves paralelas, organizadas a partir de calles interiores cubiertas y adoquinadas, conformaban un complejo pensado para ordenar el movimiento de mercaderías y personas.

El crecimiento de Buenos Aires volvió insuficiente aquella estructura. A partir de 1915 comenzó a estudiarse su reemplazo y ampliación, y en 1921 se decidió avanzar con un nuevo edificio sobre la avenida Corrientes. Después de distintos proyectos y demoras vinculadas, entre otras cuestiones, con las obras del subterráneo, el encargo recayó finalmente en los ingenieros José Luis Delpini y Raúl Bes y el arquitecto Victorio Sulcic.

Los tres profesionales formaron una asociación decisiva para la arquitectura porteña. Son, además, los mismos que proyectaron el estadio de Boca Juniors, conocido como la Bombonera. En el Abasto aplicaron una concepción estructural y arquitectónica basada fundamentalmente en el hormigón armado, el hierro y el vidrio.

Las obras comenzaron en 1931 y el nuevo mercado fue inaugurado en 1934. El edificio ocupaba una superficie de unos 58000 metros cuadrados y estaba organizado en cuatro plantas libres, divididas en cinco grandes naves. La central, más ancha y elevada, marcaba el eje de simetría y funcionaba como acceso principal. Las cubiertas abovedadas de hormigón armado incorporaban vidrio en los espacios entre nervios, una solución que permitía una iluminación natural uniforme y reforzaba el carácter monumental de los interiores.

El diseño del edificio realizado por Sulcic era un art deco con visos de brutalismo, pero la arquitectura no respondía solamente a una búsqueda estética. El nuevo mercado debía adaptarse a una ciudad que había cambiado. El aumento del tránsito vehicular, la necesidad de agilizar la carga y descarga, el almacenamiento de mayores volúmenes de mercadería y las nuevas exigencias sanitarias requerían espacios amplios, ventilados y flexibles. El edificio incorporó escaleras mecánicas, montacargas, cintas transportadoras y sistemas electromecánicos que permitían regular la apertura de los grandes ventanales de la fachada.

Los enormes arcos que caracterizan la imagen del Abasto sobre Corrientes son una de las expresiones más reconocibles de aquella intervención. El conjunto proyectado por Delpini, Sulcic y Bes se convirtió en un hito de la arquitectura porteña y en uno de los ejemplos más significativos de la incorporación del hormigón armado a las grandes construcciones urbanas.

En 1955 se filmó la película Mercado de Abasto dentro del mercado, dirigida por Lucas Demare y protagonizada por Pepe Arias y Tita Merello.

El mercado funcionó hasta el 14 de octubre de 1984, cuando sus actividades fueron trasladadas al Mercado Central de Buenos Aires, en Tapiales. El cierre tuvo un impacto sobre el barrio: comercios, depósitos, viviendas y numerosas actividades que dependían directa o indirectamente del movimiento del mercado quedaron afectados. La zona atravesó un período de decadencia y abandono, tal como describe la canción Mañana en el Abasto de Sumo: Tomates podridos por las calles del Abasto / Podridos por el sol que quiebra las calles del Abasto / Hombre sentado ahí, con su botella de Resero / Los bares tristes y vacíos ya, por la clausura del Abasto.

El edificio sobrevivió. En 1985 fue declarado patrimonio cultural de la ciudad, lo que impidió su demolición. Luego de diferentes proyectos frustrados y de la crisis financiera de El Hogar Obrero, que había adquirido los activos de la antigua sociedad propietaria, el grupo IRSA compró las acciones en 1995.

A partir de enero de 1997 comenzaron las obras para transformar el antiguo mercado en un shopping. El proyecto estuvo a cargo de los estudios Manteola-Sánchez Gómez-Santos-Solsona-Salaberry, Benjamin Thompson Architects y Pfeifer-Zurdo. La intervención demandó una inversión de unos 120 millones de dólares y permitió recuperar buena parte de la monumentalidad del edificio, aunque también implicó la desaparición de sectores correspondientes al antiguo mercado.

En 1998 abrió sus puertas Abasto Shopping, con unos 120000 metros cuadrados distribuidos en cinco niveles, más de 200 locales, un patio de comidas, un complejo de entretenimiento y una plaza seca, la Plaza del Zorzal. También se recuperó la conexión con la estación Carlos Gardel del subterráneo, un vínculo decisivo para la integración del complejo con la ciudad.

El edificio cambió de función, pero no perdió su condición de referencia urbana. Su historia está inseparablemente ligada a la del barrio que lleva su nombre, aunque oficialmente el área se reparte entre Balvanera y Almagro.

Carlos Gardel creció en ese universo de conventillos, cafés, fondas y comercios. La memoria del Zorzal Criollo permanece especialmente viva en la calle Jean Jaurès, donde se encuentra la casa que el cantante compró para su madre y que hoy funciona como museo. A pocas cuadras, murales, bares, comercios y referencias tangueras mantienen vigente aquella relación entre Gardel y el barrio.

A esa historia se suma una identidad cultural que excede al tango. Teatros, centros culturales, restaurantes, comercios y una fuerte presencia de comunidades migrantes, especialmente peruanos, conviven alrededor de Corrientes, Anchorena, Jean Jaurès y las calles que rodean al antiguo mercado. En ese paisaje, la arquitectura permanece como el gran testimonio material de las transformaciones del barrio.

Agencia NA

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