Las asociaciones de ganaderos de Kansas, Oklahoma y Texas informaron que los operativos del ICE en comunidades agrícolas provocan demoras en el envío de miles de cabezas a plantas procesadoras, pérdidas millonarias y un posible traslado de costos a los consumidores.
Las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en comunidades agrícolas de Texas, Kansas y Oklahoma generan interrupciones en la cadena de producción de carne de res, según un comunicado conjunto de la Kansas Livestock Association, la Oklahoma Cattlemen’s Association y la Texas Cattle Feeders Association.
Las organizaciones señalaron que siguen de cerca la actividad reportada de ICE en sus respectivos estados. Aclararon que reconocen la responsabilidad de las agencias federales de hacer cumplir la ley, pero plantearon que las interrupciones repentinas de la fuerza laboral pueden producir efectos que van más allá de los establecimientos directamente afectados.
Entre los principales efectos señalados, indicaron que miles de cabezas de ganado que debían ser enviadas a plantas procesadoras permanecen retrasadas. Las demoras ya generan millones de dólares en pérdidas de ingresos y costos adicionales. Los problemas laborales afectan distintos puntos de la cadena, desde corrales de engorde y plantas procesadoras hasta empresas de alimento, transporte y servicios comunitarios.
Las asociaciones advirtieron que las interrupciones pueden repercutir en precios más altos para la carne de res. También mencionaron consecuencias sobre el cuidado de los animales, las operaciones de las empresas y la economía de las comunidades rurales. Según las entidades, el impacto puede prolongarse durante días o semanas después de que terminan los operativos.
Uno de los principales puntos planteados es que la producción ganadera depende de una fuerza laboral estable. El sector necesita trabajadores para atender a los animales, mantener las condiciones de seguridad alimentaria y garantizar que la cadena de suministro continúe en funcionamiento.
De acuerdo con el comunicado, los productores de ganado, los corrales de engorde, las lecherías, los mercados de ganado, las plantas procesadoras y otros negocios rurales dependen de esa estabilidad laboral. Cuando se producen interrupciones repentinas, explicaron, las consecuencias pueden aparecer de manera inmediata tanto en las operaciones como en el bienestar de los animales y en los resultados económicos.
Las organizaciones también sostuvieron que los operativos provocaron un efecto disuasorio entre trabajadores legales, documentados y cualificados que participan en distintas etapas de la cadena de producción. En su evaluación, esta situación puede dificultar que las empresas mantengan el personal necesario para que el ganado avance desde los establecimientos rurales hasta las plantas donde se procesa la carne.
Asimismo, se reportaron alteraciones en otros puntos considerados estratégicos para el funcionamiento de la cadena, entre ellos empresas dedicadas a la producción y distribución de alimentos para animales, centros de transporte y servicios comunitarios.
Miles de cabezas de ganado que tenían previsto ser enviadas para su procesamiento sufrieron demoras, una situación que representa tanto costos adicionales como pérdidas de ingresos para los productores. Las organizaciones señalaron que si los animales permanecen durante más tiempo en los establecimientos o corrales de engorde antes de ser procesados, aumentan las dificultades operativas y los costos asociados a su mantenimiento. A su vez, las demoras en las plantas pueden alterar el flujo habitual de producción y distribución.
El posible impacto sobre los consumidores aparece como otra advertencia central de las organizaciones ganaderas. Según el comunicado, las interrupciones laborales y operativas pueden traducirse en mayores costos a lo largo de la cadena y, finalmente, en precios más elevados para la carne de res.
