Karina Milei encabezó una reunión de la Mesa Política en la que se pidió «lavar los trapitos adentro». Patricia Bullrich cuestionó el Presupuesto en Discapacidad y Diego Santilli le respondió por sus dichos. En el peronismo, Axel Kicillof realizó un acto en Villa Domínico y en La Rioja se conoció el término «La Quincenita».
Karina Elizabeth Milei no viajó a Nueva York para acompañar al presidente Javier Milei a la Asamblea General de la ONU. Este martes encabezó la reunión de la Mesa Política donde se pidió «lavar los trapitos adentro».
En ese marco, la senadora Patricia Bullrich explicó por qué emuló a la escritora Beatriz Sarlo cuando, en el programa 678, le dijo «Conmigo no» al periodista Orlando Barone.
Bullrich habló sobre «la insensibilidad que significa» un Presupuesto donde el Gobierno nacional volvió a instalar en la agenda, por segunda vez en su gestión, que carece de sensibilidad social y pregona un ajuste en el rubro Discapacidad. La senadora dijo que ella era la jefa del Senado y que no estaba para no participar de los debates clave de la administración Milei. La ex candidata presidencial no acepta ser «uno más» en una mesa política de 8 miembros y pretende ser socia política de los Milei y no enterarse de las decisiones clave por los diarios.
Luego de la intervención de la jefa del bloque de senadores oficialista, habló Diego César Santilli. El jefe de Gabinete reconoció el error de no haber profundizado el debate sobre el tema Discapacidad dentro de la Mesa Política y pidió hacer «un mea culpa». Pero le planteó a Bullrich: «Pero de ahí, a toda la semana de diferenciación que vos hiciste y a subirte a un tema de Lali Espósito… y después, la seguiste conmigo…», en relación a los dichos de Bullrich donde dijo que Santilli «mentía» cuando dijo que el asunto se había hablado en ese ámbito pero que ella se había ido un rato antes de la reunión. «Vos me llamaste mentiroso y no mentí, lo hablamos… y el Presidente nos pidió que nos dejemos de joder con estas cosas y vos saliste del Senado y dijiste que no teníamos los votos para suspender las PASO», agregó Santilli.
Bullrich no contestó sobre eso y luego escuchó a Fabián Fernández, el secretario de Comunicación de los Milei, que analizó que «somos el mejor equipo de comunicación del kirchnerismo porque se estaban peleando ellos y empezamos a pelearnos nosotros». Todos se rieron y allí escaparon a otros temas pero dejaron en claro que así la Mesa Política no puede funcionar. Bullrich deja claro en esas citas que para ella es un demérito compartir la mesa «con dirigentes que no tienen 50 años de política como ella», como señala uno de los colaboradores más fieles de la senadora. Ella quiere estar en una mesa real de decisiones y cree que eso no pasa de participar de reuniones con el Presidente, su hermana y Santilli y no mucho más.
En la Casa Rosada creen que Patricia Bullrich aceleró una vez más (como lo había hecho ya con el Adorni Gate, el caso Espert y el de la jueza María Verónica Michelli, cuñada del periodista Alconada Mon) porque el Gobierno acelerará en breve en un acuerdo con el PRO, con aliados independientes y del radicalismo, y que en ese marco ella quedará licuada. Por eso decidieron no salir a confrontar con ella y el propio Presidente relativizó la discusión, respondiéndole en un programa de chimentos y variedades y no en un ámbito más político.
Si Patricia Bullrich termina en la fórmula presidencial, escoltando a Javier Milei, aún no se sabe. En el Gobierno creen que ella no tiene un votante propio superior al 10% de los votos y que el electorado mileísta y del PRO no le perdonaría una traición a Milei si decidiera ir por otro camino que no sea acompañar la reelección del actual mandatario. Karina Milei ya le ofreció a Bullrich ser candidata a jefa de Gobierno y la respuesta de la senadora es que a esta altura de su carrera política «no estoy para tapar baches». El momento de definir si Patricia será candidata vicepresidencial sucederá en una charla entre Javier y Karina Milei con ella.
De todos modos, en la Rosada vieron que el tuit donde se mostró cantando un tema de Mariana «Lali» Espósito tuvo un «70% de negatividad» en redes sociales.
En tanto, en el peronismo hay una especie de «calma chicha» tras el acto que encabezó Axel Kicillof en Villa Domínico, escoltado por la vicegobernadora Verónica Magario y un abundante lote de intendentes bonaerenses. El acto resultó masivo gracias al «músculo» que aportaron esos alcaldes bonaerenses y el discurso leído del ahora postulante presidencial intentó no tener fallas en la comunicación. Para el kicillofismo, es momento de acumular dentro del peronismo y esperar a ver si finalmente habrá PASO (Elecciones Primarias) para dirimir la pelea con la familia Kirchner y con Sergio Tomás Massa, quien ese mismo sábado se mostró en una actividad de su Frente Renovador.
Junto a Kicillof se mostraron dirigentes que quieren dar la pelea por su sucesión provincial (el matancero Fernando Espinoza regó de carteles «Axel Presidente, Fernando Gobernador» en todos los caminos de acceso al acto en el conurbano) pero otros que quieren participar de ese reto no estuvieron, como los de «La Liga» donde corren en primera fila el pilarense Federico Achaval, el lomense Federico Otermín y la morenense Mariel Fernández.
Pero además de Kicillof y Massa aparecen otros caciques provinciales que quieren participar de la discusión peronista: uno es el ex gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, uno que Cristina Kirchner mandó a medir en sus encuestas. Pero al que no le va muy bien en las mediciones es al riojano Ricardo Quintela, quien aspira a participar de la pelea pero tiene su propia comarca incendiada en términos políticos y económicos.
Más allá de que los empleados estatales y privados cobran en «Chachos», la moneda creada por Quintela para resolver su día a día, se conoció en estos días un término común en la provincia norteña: «La Quincenita». Así llaman los empleados públicos a lo que cobran cada quince días en negro, que resulta la mitad de sus sueldos que hoy rondan entre los 600 a 700 mil pesos. El escenario riojano es complejo pues estos trabajadores reciben «La Quincenita» en negro y el resto en Chachos, del mismo modo que los jubilados que hoy están en una situación de extrema pobreza.
De todos modos, no solo el mandatario peronista riojano es el único al que no le dan los números para sumarse a una pelea presidencial. «Dicen» que al pastor (que no es pastor) Dante Guebel le acercaron una encuesta donde la recepción de una eventual candidatura no recoge adhesiones masivas. Y lo más complejo es que, entre quienes profesan el credo evangelista, la palabra que más se lo asocia es «chanta».
