Un estudio detalla el mecanismo por el cual estos anfibios concentran sus glóbulos rojos en el hígado durante el reposo, lo que aumenta su transparencia. Además, se describieron dos nuevas especies en Ecuador.
Las ranas de cristal ocultan cerca del 90% de sus glóbulos rojos dentro del hígado mientras duermen, lo que incrementa su transparencia, según una investigación difundida por el biólogo Jesse Delia, quien encabezó los estudios sobre esta fisiología. El mecanismo fue observado en estas pequeñas ranas de la familia Centrolenidae, distribuidas en regiones tropicales de América.
Estos anfibios poseen una piel abdominal transparente que permite ver, desde abajo, órganos como el corazón, los vasos sanguíneos, el aparato digestivo y los huevos en las hembras. La presencia de glóbulos rojos en la circulación dificulta el camuflaje porque absorben la luz y hacen visibles los vasos sanguíneos incluso a través de piel transparente.
Durante el descanso, las ranas retiran de la circulación casi nueve de cada diez glóbulos rojos y los concentran en el hígado. Como resultado, los animales son entre dos y tres veces más transparentes que cuando están despiertos. Al reanudar el movimiento, los glóbulos almacenados vuelven a circular por el organismo.
El hígado está recubierto por cristales reflectantes de guanina que desvían la luz y ocultan la concentración de células sanguíneas. Sin este recubrimiento, el órgano se vería como una mancha oscura a través del cuerpo transparente. Los investigadores señalaron que la sangre concentrada en el hígado no forma coágulos, a diferencia de lo que ocurriría en la mayoría de los vertebrados.
Jesse Delia indicó que el estudio de esta fisiología extrema podría abrir nuevas líneas de investigación relacionadas con la salud humana. La familia de las ranas de cristal comprende más de 150 especies conocidas, concentradas en los Andes septentrionales y América Central. Durante la noche permanecen activas sobre hojas ubicadas encima de arroyos rápidos, y de día descansan pegadas a la vegetación.
En al menos dos docenas de especies, los machos se ocupan del cuidado de los huevos. Algunos permanecen sobre las puestas para evitar que se sequen. Otros absorben agua de gotas de rocío mediante una zona vascularizada del abdomen y la transportan en la vejiga hasta los huevos, que deben mantenerse húmedos hasta que los renacuajos caen al arroyo.
Dos nuevas especies fueron descriptas en el valle de Intag-Guayllabamba, en los Andes del noroeste de Ecuador. Las poblaciones se encuentran en lados opuestos del valle, separadas por menos de 19 kilómetros en línea recta. Aunque son casi idénticas a simple vista, los análisis genéticos determinaron que corresponden a especies diferentes.
Una de ellas habita tres reservas de la cuenca del río Mashpi, entre 1.036 y 1.128 metros de altura. La otra vive al norte del valle, en la cordillera de Toisán, entre 1.189 y 1.417 metros. La separación geográfica explicaría la diferenciación genética entre poblaciones con apariencia similar.
Los investigadores señalaron que las poblaciones de ambas especies se encuentran dentro o junto a concesiones mineras, en zonas con problemas de deforestación. Las ranas de cristal dependen de cursos de agua limpios, rápidos y frescos. Sus huevos permanecen sobre hojas encima de los arroyos y los renacuajos caen directamente al agua tras desarrollarse. Alteraciones en la temperatura, los sedimentos o la calidad del agua pueden afectar su reproducción.
