Datos históricos indican que las tropas alemanas y Adolf Hitler consumieron sustancias estimulantes durante la Segunda Guerra Mundial, un factor documentado en el avance militar alemán.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas alemanas ocuparon Francia en 46 días, entre mayo y junio de 1940. El 23 de junio de 1940, Adolf Hitler visitó París. La táctica militar conocida como Blitzkrieg o guerra relámpago permitió la ocupación de Polonia (septiembre de 1939), Dinamarca y Noruega (abril de 1940), Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Francia (mayo de 1940), Yugoslavia y Grecia (abril de 1941), y la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941 mediante la Operación Barbarroja, que movilizó a tres millones de soldados en un frente de más de 2900 kilómetros.
Según el historiador Sam Kelly, de la Universidad de Stanford, el ejército alemán administraba metanfetamina cristalina a sus soldados como parte de la ración diaria, en pastillas de la marca Pervitin o incrustadas en tabletas de chocolate. El consumo de esta sustancia eliminaba el cansancio, el dolor, el hambre y el miedo. Entre 1939 y 1945, se consumieron más de 200 millones de pastillas de metanfetamina.
Adolf Hitler también consumía drogas. Su médico personal, Theodor Morell, le suministraba dosis diarias de cocaína. Según el historiador Sam Kelly, la adicción de Hitler comenzó durante la Primera Guerra Mundial. El médico nazi Ernst-Günther Schenck declaró que Hitler era aficionado al Pervitin y a cócteles sintéticos que incluían esteroides, testosterona, estimulantes veterinarios, hormonas sexuales y sustancias derivadas de testículos, próstatas y glándulas productoras de semen de toro.
En 1943, el consumo de estas sustancias afectó la capacidad de Hitler para percibir la situación real de la guerra. A finales de 1944, la Real Fuerza Aérea británica bombardeó las fábricas que producían las drogas, y el doctor Morell se quedó sin suministros. El síndrome de abstinencia de Hitler incluyó divagaciones, incoherencias, delirios y temblores. En abril de 1945, cercado por el Ejército Rojo, Adolf Hitler y Eva Braun se refugiaron en un búnker en Berlín, donde se suicidaron: ella con cianuro y él con un disparo.
