Este 24 de julio, la Iglesia Católica conmemora a San Charbel Makhlouf, monje y eremita maronita fallecido en 1898, cuya tumba emitió una luz misteriosa y cuyo cuerpo se mantuvo incorrupto, según registros eclesiásticos. Se le atribuyen curaciones documentadas.
El 24 de julio, el santoral católico recuerda a San Charbel Makhlouf, monje y eremita de la Iglesia Maronita nacido en 1828 en Bekaa Kafra, Líbano, con el nombre de Youssef. Ingresó al Monasterio de San Marón en Annaya, donde adoptó el nombre de Charbel y vivió 23 años en reclusión absoluta en una ermita, dedicado a la oración, el ayuno y las vigilias nocturnas.
Según fuentes históricas, durante su vida se registró el denominado milagro de la lámpara, en el que encendió una lámpara usando agua en lugar de aceite. Falleció el 24 de diciembre de 1898. Días después de su sepultura, una luz brillante comenzó a irradiar de su tumba, lo que atrajo a peregrinos. Al exhumar el cuerpo, las autoridades eclesiásticas constataron que el cadáver no se había descompuesto y que transpiraba un óleo rojizo.
Se documentaron testimonios de curaciones de parálisis, ceguera y cáncer terminal tras la aplicación de ese óleo. El Papa Pablo VI lo canonizó en 1977, convirtiéndolo en el primer santo libanés de la época contemporánea. La devoción a San Charbel incluye a cristianos y musulmanes que visitan su santuario en Annaya. En Buenos Aires, la Catedral Maronita de San Marón (Paraguay 834, barrio de Retiro) alberga sus reliquias y ofrece el óleo bendito.
El calendario litúrgico también conmemora hoy a Santa Cristina de Bolsena y a San Fantino el Joven, y se prepara para la solemnidad de Santiago Apóstol y las festividades de la Virgen de la Merced.
