El periodista gastronómico Juan Manuel Bellver lanza en 2026 ‘Contra los foodies y otros textos comestibles’, una obra que articula artículos sobre alimentación con estructura de menú degustación, datos históricos y referencias a la cultura pop.
Juan Manuel Bellver publica Contra los foodies y otros textos comestibles en 2026, un libro editado por Siruela e ilustrado por Carlos Baonza. La obra se inscribe en el crecimiento tardío pero ya visible de la escritura gastronómica en español, un género que busca convertir en relato una experiencia sensorial difícil de fijar en palabras y que en este volumen combina crítica, datos y divulgación.
Esa tradición cuenta con un desarrollo más consolidado en la angloesfera, donde la etiqueta food writing dio lugar a una corriente inclinada hacia la memoria y la crónica personal. Allí figura como pionera M. F. K. Fisher, a quien el poeta inglés Auden llegó a colocar a la altura de Hemingway. Cuando Fisher publicó My Gastronomic Self en 1943, esa valoración no era compartida. Se la consideraba una autora menor por escribir sobre comida, un juicio que el texto rebate al recordar la recopilación El arte de comer publicada por Debate en 2015.
En el ámbito hispano, el crecimiento del género fue más tardío, aunque cada año suma nuevas aportaciones. El propio campo cuenta con un reconocimiento específico de la Real Academia de Gastronomía, que en 2001 premió a Bellver.
Contra los ‘foodies’ y otros textos comestibles se presenta como una colección de artículos organizada con la estructura de un menú degustación: amuse-bouches, entremeses, platos fuertes, final feliz y sobremesa. Ese orden funciona como sistema de organización del conjunto y, al mismo tiempo, como una ligera parodia de la alta cocina.
En la introducción, Bellver, nacido en 1965, perfila con ironía al periodista gastronómico anterior a su generación. Lo describe como un lector disciplinado de Brillat-Savarin, la marquesa de Parabere, Josep Pla, Néstor Luján, Julio Camba y Paul Bocuse, además de orgulloso de poseer “un conocimiento del producto digno de un asentador de frutas o un subastero de lonja galaica”.
Entre esa autoridad gremial y la actitud de los foodies contemporáneos, definidos por la publicación como quienes cuelgan sin cesar en redes sociales fotos de sus últimos festines, Bellver busca un punto intermedio. Su propuesta consiste en una escritura donde pesan tanto la opinión y el veredicto como los datos complementarios sobre alimentos, alcoholes, chefs e incluso espectáculos gastronómicos.
Ese es el rasgo central del libro: no se limita a celebrar o censurar modas culinarias, sino que convierte cada asunto en una pieza informativa y valorativa. La obra se define como una colección divulgativa que mezcla criterio personal, contexto cultural y detalles concretos sobre la comida y su entorno.
El título remite de forma explícita a Contra los gourmets, de Manuel Vázquez Montalbán, presentado como referencia declarada de Bellver. Esa filiación sitúa el volumen en una tradición de escritura gastronómica que no separa la mesa del análisis cultural.
A lo largo de sus páginas, el lector encuentra explicaciones sobre cómo se inventaron los nuggets de pollo, en qué consiste la elaboración de los vinos biodinámicos y cuál es el fundamento culinario del hot pot de Sichuan. El prólogo identifica esa voluntad divulgativa como una intención expresa del autor.
La acumulación de información no resulta abrumadora porque aparece atravesada por guiños a canciones, series y escenas de cultura pop. Ese cruce sitúa el buen y el mal comer en el mismo plano que otras actividades esenciales que han modelado la cultura y la historia.
El resultado se define como un libro ameno y de voluntad didáctica. Su lectura, además, invita a explorar otras escrituras contemporáneas de esta estirpe, entre ellas las de Maria Nicolau, Ignacio Peyró y Paloma Díaz-Mas, descritas como propuestas menos comedidas y de mayor audacia formal.
