El capitán de la selección argentina, Lionel Messi, disputará este martes su sexta Copa del Mundo frente a Argelia. Con 38 años, el futbolista acumula 117 goles y 199 presencias con el seleccionado, y su presencia sigue siendo el principal foco de atención del torneo.
KANSAS CITY (Enviado especial). Bastó un rumor para alterar por completo la rutina en Kansas City. Desde la noche del domingo y durante buena parte de la mañana del lunes empezó a circular la versión de que Lionel Messi iba a hablar en la conferencia previa al debut de la selección. La noticia pasó de celular en celular y el efecto fue inmediato: más de 300 periodistas de Argentina, Argelia, España, Inglaterra, Dinamarca, Marruecos, Colombia, Brasil y más de una decena de otros países se acercaron a la sala de prensa del Arrowhead Stadium para asistir a un evento que, en cualquier otra circunstancia, y aun tratándose de los campeones del mundo, habría tenido una convocatoria mucho menor. Al final, el capitán no apareció. El que se sentó frente a los micrófonos fue Nicolás Otamendi. Pero, incluso sin decir una palabra, Messi volvió a confirmar que sigue siendo el principal centro de atención de este Mundial.
Dentro de nueve días, el 24 de junio, cumplirá 39 años. Este martes, cuando la Argentina enfrente a Argelia en Kansas City, jugará su sexto Mundial. Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora Estados Unidos, México y Canadá 2026. Ningún futbolista argentino había llegado tan lejos con la camiseta de la selección. Es el jugador con más goles en la historia del seleccionado (117), el de más presencias (199), el que más títulos ganó (seis, junto a Ángel Di María), el único que disputó seis Copas del Mundo y uno de los 17 integrantes de este plantel que puede aspirar a conquistar dos.
Estados Unidos es, quizás, el lugar donde mejor se percibe la dimensión global de su figura. En las calles de Kansas City todavía cuesta encontrar clima mundialista y recién con la llegada de los hinchas argentinos la ciudad empezó a ganar algo de color. Muchos estadounidenses ni siquiera saben quién es el campeón vigente. Algunos no podrían reconocer a Emiliano Martínez, Cristian Romero o Alexis Mac Allister. Pero todos saben quién es Messi. Su paso por la MLS terminó de convertirlo en un personaje que trasciende el fútbol: es una celebridad reconocida por chicos y grandes, por fanáticos y por personas que jamás vieron un partido completo. Para buena parte del público estadounidense -y también para los argentinos-, el Mundial empieza por él.
En la selección, su papel también fue cambiando. Argentina aprendió con los años a sostenerse como equipo y a repartir responsabilidades dentro y fuera de la cancha. La influencia del capitán sigue presente. Se refleja en la forma en que conduce al grupo y en el respeto que genera a su alrededor. Cuando varios compañeros estuvieron en duda por distintas molestias físicas -desde la lesión en la mano de Dibu Martínez hasta los problemas musculares de Leandro Paredes, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel o Nicolás Tagliafico-, su presencia volvió a convertirse puertas adentro en un punto de referencia para un plantel que atravesó una preparación bastante más compleja de lo esperado.
Él mismo convivió con la incertidumbre. Después de prepararse de manera especial durante el último año, trabajando en doble turno junto a Rodrigo De Paul en un gimnasio de Miami y administrando muy bien las cargas, sin necesidad de perderse encuentros ni salir antes de tiempo, una molestia muscular lo obligó a frenar durante dos semanas y hasta puso en duda su presencia en el debut. No para Lionel Scaloni, que siempre se mostró convencido de que llegaría. “Todo el mundo quiere verlo dentro de una cancha. Es lo que le genera y de mi parte siempre será así. No veo nada negativo de que esté dentro de una cancha. Siempre fue fundamental y ahora aún más”, declaró el entrenador.
El técnico también confirmó la presencia de Emiliano Martínez, ya recuperado de la lesión, y aunque dejó abierta la posibilidad de modificar el esquema y jugar con tres defensores, todo indica que el equipo será muy parecido al de siempre. Incluso existe la posibilidad de que sean titulares once campeones del mundo, ya sea con Lautaro Martínez o con Julián Alvarez desde el arranque, recuperado de su esguince en el tobillo derecho, aunque sin minutos oficiales desde hace más de 40 días. Pero, entre tantas dudas, hubo una certeza que nunca cambió: si Messi estaba bien, iba a jugar.
Esta vez, el recorrido fue distinto al de otras ocasiones. Por primera vez en sus seis participaciones mundialistas, llegó a la Copa después de haber jugado la temporada previa fuera de Europa. Eligió Inter Miami, una plaza menos competitiva. Las estadísticas muestran que nunca había afrontado una Copa del Mundo con mejores números en la temporada previa. Fueron 45 goles y 25 asistencias, su mejor registro, incluso por encima de la antesala de Sudáfrica 2010, cuando todavía brillaba en el Barcelona y convirtió 47 tantos, aunque aportó apenas 11 pases de gol, o de Rusia 2018, para el que acumulaba la misma cantidad de conquistas que ahora, pero con 18 asistencias.
El desafío es confirmar esa vigencia y volver a conducir al equipo a lo más alto, con la ilusión de conseguir lo que ninguna generación argentina pudo: repetir el título mundial. A horas del comienzo de una nueva Copa del Mundo, Messi transmite alegría y serenidad. Desde la conquista de la Copa América 2021, el astro se permitió vivir cada partido, cada entrenamiento y cada instante con la selección de otra manera. Eso se refleja en su semblante durante las prácticas y también en esa tranquilidad tan propia de esta etapa de su carrera con la que transita los momentos previos a cada partido.
