La megacausa de los Cuadernos enfrenta un posible rumbo hacia la nulidad, mientras el caso Adorni complica penalmente al jefe de Gabinete. Expertos judiciales analizan las contradicciones entre ambos procesos.
Una primera sorpresa en Tribunales: muchos operadores judiciales señalan que la monumental causa Cuadernos se encamina hacia la nulidad. Justo cuando el caso Adorni, que ocupa la agenda pública desde hace dos meses, avanza hacia complicaciones penales para el jefe de Gabinete. Un episodio de gran significación económica se acomoda en las páginas interiores de los medios, mientras el otro, que involucra montos menores, preside los titulares.
Más de 60 días se ha debatido sobre la vara contra la corrupción que impulsó Javier Milei y que ahora su empleado no cumple. Desde el oficialismo se cuestiona la aparente arbitrariedad del periodismo, y el propio Milei ha señalado que el 95% de los trabajadores de prensa son corruptos, sin distinguir entre obreros y patrones. En paralelo, unos 80 empresarios involucrados en sobornos de obra pública contratan estudios jurídicos de primer nivel.
La distancia entre el fiscal Stornelli y el juez Bonadio, aun con pruebas y confesiones, frente a los equipos técnicos de la defensa privada, es difícil de saldar. Aunque el pronóstico es reservado, muchos se arriesgan a pensar que la nulidad podría imponerse. Esto se advirtió en el interrogatorio de doce horas que atravesó el periodista Diego Cabot, quien difundió el contenido de los cuadernos escritos por un chofer que registró movimientos, entrevistas e intercambios dinerarios de su jefe con empresas vinculadas a licitaciones públicas.
El interrogatorio a Cabot duró más que el que un magistrado le formuló a un sicario acusado de asesinar a tres jóvenes. Con la perspectiva de un lego, Cabot parece más peligroso, aunque en el juicio finalmente aparecieron los cuadernos incriminatorios. Más asombroso es el descubrimiento de que en tiempos democráticos funcionó una cámara de tortura similar a la ESMA o el Atlético, donde un fiscal y un juez arrancaban confesiones a empresarios por pagar coimas, mediante presión psicológica.
El proceso de los Cuadernos tiene derivaciones políticas: las defensas argumentan que la investigación fue una persecución al peronismo, aunque tanto Bonadio como Stornelli fueron designados por gobiernos del PJ. Cristina Kirchner, desde su domicilio en la calle San José, alude a un acoso personal y menciona conceptos como forum shopping y lawfare, que también involucran a los medios. Milei utiliza argumentos similares para defender a su funcionario Adorni, como si ambos pensaran del mismo modo contra las corporaciones.
Resulta singular que, en todo este proceso, nadie le haya preguntado a la exmandataria si conoció el lugar de su edificio donde, según los cuadernos, eran llevadas partes de los fondos ilícitos, y si vio los dólares acumulados que la humedad porteña había dañado.
