H&R Hosiery, un emblema de la cultura hip-hop y la moda callejera en el sur del Bronx, cerró sus puertas luego de seis décadas. El aumento del alquiler mensual a 8.000 dólares y el auge de las compras online llevaron a su dueño a poner fin al negocio familiar.
La icónica tienda H&R Hosiery, ubicada en el sur del Bronx, Nueva York, cerró tras seis décadas de actividad. El establecimiento, reconocido entre generaciones de fanáticos de las zapatillas y la moda urbana, dejó de funcionar luego de que el alquiler mensual subiera a 8.000 dólares.
Su dueño, Charles Goldman, de 69 años, pasó las últimas horas rodeado de camperas retro, jeans y compradores frecuentes que describieron la despedida como “el fin de una era”. Goldman se hizo cargo del negocio en 1977, cuando heredó el emprendimiento familiar creado por sus padres, Harry y Renee.
Según explicó Goldman a The New York Times, el local de East 163rd Street se transformó en un punto clave para artistas como Fat Joe, Slick Rick y los Cold Crush Brothers. El DJ y escritor Bobbito García aseguró que aquel espacio era “como una mina de oro” para quienes conocían el circuito de la indumentaria urbana en Nueva York.
Easy AD, integrante de Cold Crush Brothers, recordó que el comercio resultó “fundamental” porque ofrecía precios bajos y prendas asociadas directamente a la vida cotidiana del Bronx, entre ellas gorros, guantes y sweaters con cuello en V.
El comerciante atribuyó el final del emprendimiento al crecimiento de las ventas online y resumió la situación como una “muerte por Amazon”. Según su testimonio, ya nadie quería revisar percheros llenos de camperas cuando “pueden encontrar cualquier cosa en internet con un clic”.
Durante la jornada final, antiguos trabajadores y clientes habituales se reunieron dentro del local para recordar décadas de historia. Un cliente, Gregory López, llegó días antes del cierre con una campera de apariencia ochentosa adquirida allí. Troy Washington, otro comprador frecuente, recordó que en ese lugar consiguió “todo”, incluida su primera campera de leñador con sombrero a juego. Gerard Tuitt, quien trabajó en el local entre 1979 y 1987, dijo que durante esos años “la gente solía hacer fila” para entrar.
