El presidente argentino Javier Milei participará esta semana en la 29° Conferencia Global del Instituto Milken en Beverly Hills, donde será recibido por el multimillonario Michael Milken, figura controvertida de Wall Street que cumple condena en el pasado por fraude financiero.
WASHINGTON.- La última vez que el economista y multimillonario estadounidense Michael Milken recibió a Javier Milei en Los Ángeles, en septiembre pasado, el financista devenido en filántropo confió en un encuentro junto a inversores que el presidente podía «cambiar el curso de la historia». «Se tienen mucho afecto», señaló en aquel momento una persona del entorno de Milken, cuyo papel en el desarrollo del mercado de bonos de alto rendimiento le valió el mote de «rey de los bonos basura» en los años 80.
Ambos volverán a encontrarse este miércoles en un hotel en Beverly Hills, donde se desarrolla la 29° Conferencia Global del Instituto Milken. Originario de Encino, California, Milken llegó a ser la persona más poderosa de Wall Street, y quedó en el foco del mundo financiero en aquellos años por hacer más dinero y a mayor velocidad que nadie en la historia de las finanzas: en una década pasó de ganar cinco a 550 millones de dólares en un año. Hoy figura en el puesto 509 del ranking de Forbes de las mayores fortunas del mundo, con 7500 millones de dólares, el doble de lo que tenía hace cinco años.
Hace dos años, Milken también fue anfitrión de Milei en un viaje anterior del presidente a Los Ángeles, para la conferencia global conocida como el «Foro de Davos de América del Norte», en la que este miércoles el líder libertario dará una disertación a las 14 (hora local, las 18 en la Argentina). El presidente también estuvo en la sede del Instituto Milken en Washington -ubicada frente a la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro- en enero del año pasado, cuando viajó para la asunción presidencial de su aliado Donald Trump.
«Es un placer para mí estar aquí, rodeado de gente con afinidad de pensamiento que me hace sentir verdaderamente como en casa», dijo el mandatario en su discurso aquella vez. Milken amasó una fortuna ayudando a corporaciones a usar los llamados «bonos basura» para financiar adquisiciones corporativas en la ahora desaparecida Drexel Burnham Lambert, un banco de inversión de Wall Street. Sus innovaciones lo convirtieron en una de las figuras más reconocidas del mundo financiero en los años 80 y facilitaron la recaudación de fondos para pequeños emprendedores y para inversores corporativos.
Sin embargo, algunos economistas en su momento culparon a esas innovaciones de incentivar a las empresas estadounidenses a endeudarse excesivamente. «Milken propuso construir un mercado secundario para los emisores de bonos basura y la financiación en caso de dificultades financieras. Por cada bono renegociado en este mercado, Drexel Burnham Lambert cobraba una comisión que la llevó a convertirse en una de las firmas más rentables de Wall Street en la década de los 80», apuntó la cadena BBC.
La reputación del financista se desmoronó cuando fue acusado de participar en un esquema de tráfico de información privilegiada. Milken inicialmente negó los cargos, pero finalmente se declaró culpable de seis de ellos en 1990, al admitir ante un tribunal haber manipulado los mercados financieros. «Me doy cuenta de que con mis actos he perjudicado a quienes me son más cercanos», dijo el multimillonario en ese entonces. Debió pagar una multa de 600 millones de dólares, se le prohibió de por vida trabajar en el mundo financiero y fue condenado a 10 años de prisión, aunque la pena se redujo a 22 meses.
Milken fue liberado en 1993 tras dos años en prisión y rápidamente empezó su campaña de regreso. Las conferencias anuales en California organizadas por el Instituto Milken han sido una parte muy visible de los esfuerzos del multimillonario por construir un nuevo legado después de pasar por la cárcel.
