El ataque en la Escuela N° 40 Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, desencadenó una ola de amenazas en escuelas de todo el país. Expertos analizan el rol de las comunidades digitales y el efecto imitación.
“No noté a mi hijo asustado; pero estaba alerta. Hablaron mucho con sus compañeros y, sin subestimar lo que había pasado en San Cristóbal, llegaron a la conclusión de que lo mejor era no asistir al colegio”. Esa frase corresponde a María E., madre de un adolescente de 14 años que estudia en una escuela secundaria de Avellaneda. El 15 de abril pasado fue notificada de una “pintada” amenazante en el baño de la institución: “Mañana tiroteo, no vengan”.
No subestimar “lo que pasó en San Cristóbal” se refiere al ataque que perpetró un joven de 15 años que, el 30 de marzo pasado, llevó una escopeta de doble caño en la funda de su guitarra a la Escuela N° 40 Mariano Moreno de esa localidad santafesina. Luego, la preparó escondido mientras los alumnos esperaban para izar la bandera y asesinó a Ian Cabrera, un compañero de 13 años, e hirió a otros ocho chicos.
Las primeras investigaciones derivaron en la detención de otro adolescente, acusado de encubrir y hasta supuestamente haber tenido un grado de planificación en el hecho. También se puso el foco en las comunidades online asociadas a lo que se llama “True Crime” (Crímenes reales), un universo que, en sus versiones más extremas, puede derivar en dinámicas de glorificación de la violencia y emulación de ataques. Las autoridades establecieron que tanto este joven como el tirador participaban de estas comunidades.
En paralelo, comenzaron a multiplicarse los mensajes con amenazas de tiroteo en distintos puntos del país. En Santa Fe, se reportaron más de 400, incluyendo grafitis, pintadas, llamadas y “avisos” por WhatsApp; y en la Ciudad de Buenos Aires se informó una cifra similar. En la Provincia de Buenos Aires, las autoridades pidieron investigar a una presunta “estructura” que estaría detrás de alrededor de 600 de estos mensajes intimidatorios.
María, que reside en la localidad bonaerense de Wilde, recordó que cuando le avisaron de la amenaza en la escuela de su hijo, después de ver lo que había ocurrido en Santa Fe, quedó con miedo. “Aunque sabía que había más posibilidades de que quedara todo en una broma, no queríamos arriesgarnos a que fuera real”, le cuenta a este medio. Asimismo, señaló que desde la dirección del colegio les comunicaron que “se realizó la denuncia correspondiente considerando que toda amenaza constituye un delito penal”, invitaron a las familias a consultar todas sus inquietudes y aclararon que si la situación avanzaba iban a revisar las mochilas a la entrada. En otras instituciones de diferentes provincias se tomaron otras medidas, como pedir a los alumnos que lleven sus útiles y libros en mochilas transparentes, bolsas de supermercado o en las manos.
En este tipo de casos, hay patrones que se repiten. Curiosamente en abril se estrenó en cines la película “El Drama”, que menciona características de este peligroso fenómeno como la estetización de la violencia, el interés en quienes perpetran ataques masivos y el “efecto copycat” (imitación de ataques previos), los mismos que señala un informe reciente de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Nación argentina (MPF).
Aunque existía la sensación de que estos hechos no podían ocurrir en nuestro país y eran propios de otros, como Estados Unidos, el ataque en San Cristóbal dejó ver que no son aislados y forman parte de un lenguaje compartido en estas comunidades digitales cerradas, restringidas en sitios como Telegram y Discord. “Las True Crime Communities se organizan alrededor del consumo, análisis y discusión de casos reales de crimen. Están presentes en múltiples plataformas como foros, redes sociales, canales de video o grupos privados”, indica Belén Ortega, especialista en Inteligencia Artificial (IA). Acerca de la dinámica de estos grupos, sostiene que lo interesante y problemático es que no son solo personas que consumen contenido, sino “usuarios que participan activamente; que investigan, opinan, construyen teorías, conectan datos y muchas veces generan sus propias narrativas”.
El documento de la secretaría antiterrorismo subraya que el antecedente de este tipo de fenómenos se remonta a la masacre de Columbine en 1999, cuando Eric Harris y Dylan Klebold, estudiantes de último año del instituto Columbine, asesinaron a 12 estudiantes y un profesor e hirieron a 21 personas antes de suicidarse: “Desde entonces se han consolidado comunidades digitales, principalmente integradas por jóvenes, que replican estos patrones de conducta”. “Producen un fenómeno muy particular: se mezcla información real con especulación, emociones y entretenimiento. Y ahí aparece un punto clave desde la IA: los algoritmos de recomendación priorizan el contenido que genera mayor atención. Y en estos espacios, lo que más retiene es lo impactante, lo polémico o lo no resuelto”, explica la también conferencista. El informe de la SAIT también describe que en estos casos se detectaron indicadores vinculados a la planificación y la difusión de amenazas.
