Una nueva normativa comunitaria busca reducir residuos electrónicos y facilitar la reparación de dispositivos móviles.
La Unión Europea continúa su lucha contra la obsolescencia programada con una medida que impactará directamente en el diseño de los teléfonos inteligentes. A partir de 2027, todos los smartphones comercializados en territorio europeo deberán contar con baterías que el usuario pueda extraer sin necesidad de herramientas especializadas.
Esta disposición forma parte de una estrategia más amplia que comenzó en 2021 con el llamado «derecho a reparar». Desde entonces, los fabricantes que venden electrodomésticos y dispositivos electrónicos en la UE deben garantizar la disponibilidad de piezas de repuesto durante al menos diez años, así como proporcionar manuales de reparación y diseñar productos que puedan desmontarse con herramientas comunes.
El nuevo reglamento va un paso más allá: exige que las baterías sean más duraderas, capaces de soportar un mayor número de ciclos de carga sin perder capacidad, y que el propio usuario pueda reemplazarlas sin asistencia técnica. Esto implica el fin de los diseños unibody que requieren procedimientos complejos o herramientas especializadas para acceder a la batería.
Empresas como Apple, Samsung, Xiaomi y otras marcas globales deberán rediseñar sus modelos para cumplir con la normativa europea. Además, las compañías estarán obligadas a garantizar el acceso a piezas de repuesto originales durante largos períodos y a proporcionar actualizaciones de software durante un tiempo mínimo, evitando así que los dispositivos queden obsoletos por falta de soporte.
La medida se enmarca en el Pacto Verde Europeo, que busca reducir la generación de residuos electrónicos y el consumo de materiales en la fabricación de nuevos productos. Desde Bruselas defienden que priorizar la reparación siempre que sea viable contribuye a disminuir costos para los consumidores y a reducir el impacto ambiental.
El sector dispondrá de un período de adaptación hasta 2027 para ajustar sus procesos de producción y logística. La cuenta regresiva ya comenzó, y el cambio podría marcar un antes y un después en la industria tecnológica a nivel global.
