A lo largo de su pontificado, el papa Francisco mantuvo una dinámica de cercanía y tensiones con los sucesivos gobiernos argentinos, desde Néstor Kirchner hasta Javier Milei.
El papa Francisco, a pesar de no haber regresado a la Argentina desde su elección como Sumo Pontífice, mantuvo vínculos con los presidentes del país. Estos lazos estuvieron marcados tanto por momentos de acercamiento como por episodios de tensión pública.
Su relación con los gobiernos kirchneristas fue particularmente compleja. Durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007), los enfrentamientos dialécticos fueron frecuentes, con críticas mutuas y una comunicación oficial prácticamente inexistente. Con la asunción de Cristina Fernández de Kirchner, la situación mostró cierta mejoría inicial, pero volvió a deteriorarse por diferencias en temas como la Resolución 125, el matrimonio igualitario y declaraciones sobre la «crispación social». Tras la muerte de Néstor Kirchner, el entonces cardenal Bergoglio ofició una misa en su memoria.
Con Mauricio Macri, Francisco tuvo un trato cercano incluso antes de que ambos ocuparan sus cargos actuales, indicando que sus relaciones no siempre estuvieron determinadas por afinidades ideológicas. El pontífice también se ha reunido en múltiples ocasiones con el actual presidente, Javier Milei.
El propio Francisco ha reflexionado sobre la dimensión política de su rol, afirmando en publicaciones que la homilía «siempre es política» por desarrollarse en el espacio público, y que los cristianos no deben ser apolíticos.
