jueves, 16 abril, 2026

Especialistas analizan señales de alerta en casos de violencia escolar tras incidentes recientes

Una psicóloga y perito forense explica que las conductas violentas en niños y adolescentes no deben interpretarse como juegos inocentes, sino como indicadores de problemas subyacentes que requieren atención inmediata.

La muerte de un adolescente de 13 años en una escuela de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, y otros incidentes violentos registrados en establecimientos educativos de Santa Cruz y El Palomar, reavivaron el debate sobre la violencia en el ámbito escolar. Ante estos hechos, especialistas en salud mental analizan las señales de alerta y la importancia de la intervención temprana.

Luciana Canziani, psicóloga y perito de parte en el Fuero Penal, sostiene que cuando un niño o adolescente simula actos de agresión extrema, como fusilamientos, o lleva un arma a la escuela, «no está jugando: está mostrando un límite que se perdió». Para la profesional, estas acciones constituyen una señal de alerta que refleja múltiples factores en juego y no deben minimizarse como «bromas» o hechos aislados.

Canziani destacó que, si bien en la mayoría de las jurisdicciones existen protocolos de actuación para estos casos, su eficacia «depende de la implementación real y no meramente formal enunciativa». Según la experta, las herramientas clave son la prevención, la detección temprana y la intervención interdisciplinaria. «La escuela debe trabajar en educación emocional, también los padres deben sostener un rol activo, con escucha y presencia real», afirmó.

La psicóloga aclaró que no todos los casos de acoso escolar derivan en violencia extrema, y que la mayoría de las víctimas no se vuelven violentas. Sin embargo, advirtió que la combinación de factores de riesgo como el aislamiento, el sufrimiento psíquico, la falta de adultos disponibles, el acceso a armas y la exposición a modelos violentos puede crear un escenario crítico.

Canziani explicó que el acoso escolar es un fenómeno grupal, no individual, y que muchas veces los adultos carecen de herramientas para detectar dinámicas complejas o intervienen cuando la situación ya está instalada. Las señales en las víctimas, como retraimiento, cambios de ánimo o bajo rendimiento escolar, suelen ser silenciosas y se confunden con «etapas». En tanto, las conductas de quienes ejercen el bullying, como agresión o necesidad de dominio, suelen naturalizarse o minimizarse como «problemas de conducta» aislados.

La profesional concluyó que estas conductas emergen de la interacción entre factores personales, vinculares y sociales, y siempre deben tomarse como señales que requieren escucha, intervención adulta y trabajo preventivo.

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