La industria láctea argentina atraviesa un momento histórico con la finalización de la operación que transfiere el control de La Serenísima a las firmas Arcor y Danone. Este movimiento implica la desvinculación de la familia Mastellone, fundadora y propietaria de la marca durante décadas, cerrando una etapa de gran simbolismo para el sector.
Un cambio estructural sin impacto inmediato en el día a día
Según análisis del sector, la transición no modificará de manera abrupta el funcionamiento cotidiano de la compañía. José Iachetta, director de TodoLáctea, explicó que la principal consecuencia a corto plazo es la resolución de tensiones previas entre los socios, lo que aporta una mayor estabilidad organizacional. «Para la operación diaria el cambio es menor, pero ordena una situación que presentaba fricciones», señaló el especialista.
Expectativas de modernización y eficiencia
Uno de los aspectos más destacados por los analistas es el potencial ingreso de inversión y tecnología que podrían impulsar los nuevos accionistas, en particular Danone, con su experiencia global. Se espera que esto derive en una reconversión tecnológica de plantas que, según se indica, requieren actualización en materia de automatización. Esta modernización podría traducirse en ganancias de eficiencia y una mayor previsibilidad para los productores tamberos.
El foco en el precio de la materia prima
Un tema central que observa la industria es el posible impacto en el precio pagado al productor. Actualmente, existen diferencias significativas entre regiones. En la provincia de Buenos Aires, que aporta entre el 25% y el 26% de la producción nacional, el litro de leche se remunera a un valor superior al de otras cuencas, como la de Córdoba. Esta brecha se atribuye, en parte, a la adopción más extendida en Buenos Aires del sistema de pago por «sólidos útiles», que premia la calidad y resulta más rentable que el esquema tradicional por volumen.
La nueva conducción empresarial podría evaluar modificaciones en los mecanismos de remuneración, buscando homogeneizar criterios y aportar una planificación más estable a los tamberos. La cuenca de Villa María, epicentro del análisis de esta operación, procesa aproximadamente el 23% de la leche del país, lo que la convierte en un actor estratégico cuyo dinamismo influye en todo el sistema.
El futuro de una marca emblemática
Pese al cambio en la cúpula accionaria, existe consenso dentro del sector sobre la fortaleza de la marca La Serenísima. Su posicionamiento en el mercado local y la valoración por parte de los consumidores se consideran activos sólidos que probablemente se mantendrán. «Es una marca muy arraigada y todo indica que seguirá siendo la insignia del negocio», concluyó Iachetta. La operación, por lo tanto, se interpreta más como una evolución en la estructura de propiedad que como una alteración de la identidad comercial que conoce el público.
