El ingreso de Solange Abraham a la casa de Gran Hermano: Generación Dorada no solo alteró el juego dentro del reality, sino que también desató un escándalo afuera. En las últimas horas, quien rompió el silencio fue Lautaro Marchesini, actual marido de Marcelo Da Corte —ex de la participante y padre de su hija, Delfina—, con un descargo explosivo que encendió las redes.
A través de sus historias de Instagram, Marchesi apuntó directamente contra la modelo contó que su marido la dejó para casarse con el entrenador personal y contra el tratamiento mediático del tema. “Ahora salgo en las noticias donde la gente homofóbica me insulta, no entiendo por qué”, escribió en un primer mensaje.
Pero la tensión escaló rápidamente. Sin filtros, lanzó una frase que generó fuerte repercusión: “Esta mujer psiquiátrica que ingresó a Gran Hermano no tiene nada que ver conmigo. Si realmente los medios quieren saber la verdad de las cosas no tengo problema en hablar”.
Lejos de bajar el tono, redobló la apuesta con palabras durísimas: “Es mala persona. Y todo esto lo hace por maldad”. Y cerró con un mensaje que volvió a poner en el centro la disputa familiar: “Que se ocupe de su hija que lo necesita. Ella y la familia todavía comen de nosotros. Deberían respetarnos”.
El posteo no tardó en viralizarse, especialmente entre los seguidores del reality, que ya venían siguiendo de cerca la historia personal de Solange. Su entrada a la casa había despertado curiosidad por su pasado y por el vínculo con su exmarido, pero pocos imaginaban que la reacción pública sería tan frontal.
Mientras tanto, dentro de la casa más famosa del país, Solange continúa enfocada en el juego, ajena —al menos por ahora— al escándalo que estalló en el exterior. Como marca el reglamento de Gran Hermano, los participantes permanecen completamente aislados, sin acceso a redes sociales ni a información del afuera.
La polémica suma un nuevo capítulo a una edición que ya viene cargada de historias fuertes y conflictos personales. Y si algo quedó claro es que el ingreso de Solange no solo movió el tablero dentro del reality: también reabrió viejas heridas que, lejos de cicatrizar, parecen estar más expuestas que nunca.
