La semana que decidirá el rumbo de la gestión Milei

La semana más corta del año puede terminar siendo la más larga. Y la más importante. El gobierno tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra para demostrar si tiene las ganas y la posibilidad, o no, de construir una mayoría parlamentaria que le permita quebrar el conjuro que lo limita: tiene un electorado y un Congreso que respalda la música de su programa, pero que lo contradice en la letra cuando pide facultades extraordinarias para seguir gobernando más allá de la contabilidad.

El viernes próximo cesan tres miembros de la Auditoría General de la Nación y la Cámara de Diputados debe proveer los reemplazos para mandatos que comienzan el lunes 8 de abril.

Este simple hecho de crónica le brinda al gobierno la oportunidad de expresar: 1) si quiere un acuerdo legislativo que le asegure votaciones tan airosas como los 144 votos positivos que tuvo la nonata ley ómnibus; 2) revelar con quién[es] quiere ese acuerdo; 3) si está dispuesto a mantener una puerta abierta con el peronismo o promoverá una alianza de los cuatro bloques dialoguistas, que deje afuera a Unión por la Patria de la AGN y se quede con las tres sillas que quedan vacantes.

La semana propone otros tumultos decisivos para el futuro inmediato del gobierno. Este lunes comienza en Río Grande, Tierra del Fuego, una reunión del frente de gobernadores más díscolos. Son los de las provincias patagónicas, que rechazan los estandartes más queridos del oficialismo, como la reposición de la ley de Ganancias, y que ya hicieron caer reformas al régimen de la actividad pesquera.

La reunión sigue el martes en Ushuaia tras un manto de neblina por la evocación malvinera. Para cerrar la semana, el jueves la cúpula del gobierno recibirá en Buenos Aires a los gobernadores que están en el otro extremo del espectro, los dialoguistas que en las últimas elecciones giraron bajo el lema de Juntos por el Cambio.

Aclaró todo: son orcos porque son orcos

La gestión de los reemplazos en la AGN brindará una radiografía en colores de los demonios que animan al oficialismo, por encima de las consignas estridentes – aunque superficiales – que salen de los labios del presidente.

Por ejemplo, cuando dice que «a nosotros ya la era digital nos quedó corta» pero recibe reveces de los analógicos Tolosa Paz (debate por aumentos de sueldos) o Martín Lousteau, que le tumbó el DNU y que lo hizo arrodillarse para que le aprueben el pliego al candidato a embajador de Israel.

O cuando exalta como un triunfo «ordenar el espectro ideológico argentino» (?). Lo dijo en su discurso ante empresarios locales y del extranjero que lo escucharon en el foro del Four Seasons organizado por el fondo de inversión de José Luis Manzano, apodado «Cototo» por sus amigos, y «Chupete» por quienes no lo conocen.

En esa presentación disparó contra el Congreso al calificarlo de un «conjunto de delincuentes». Los llamó «orcos» y los condenó con una tautología irremediable: habló de «los orcos, que como son orcos no se puede esperar otra cosa que comportamiento de orcos, porque son orcos». Más claro agua.

Al salir de la charla, hubo empresarios extranjeros que asaltaron a sus anfitriones locales para pedir aclaraciones sobre qué había querido decir y si se había referido al Congreso. Lo hicieron en corros improvisados como confesionarios.

Alguno manifestó su desconcierto. En países como EE.UU. un «congressman» es una figura respetable. Cuando piden seguridad jurídica se refieren a que tengan el respaldo de leyes que hagan sostenibles los proyectos. No entienden a gobiernos que se pelean con los congresos. La respuesta criolla es que «el presidente es una persona muy especial».

Martingalas para la AGN

La matemática manda y dice que quien junte 129 votos puede designar los tres cargos vacantes de la AGN. Es impensable que el gobierno se anime a proponer una alianza de La Libertad Avanza con el PRO, la UCR y Hacemos (bloque de Pichetto) para avanzar con 100 bancas por sobre las 99 del peronismo.

El destino de la auditoría quedaría en manos de un resto de legisladores que no tienen tareas de gobierno y les interesa poco lo que pase en la AGN. Es decir, que pueden negociar sus apoyos sin mucho que perder y alta recompensa.

También es impensable que el bloque de Milei busque una alianza con el peronismo y negocie los nombres de los tres auditores con 140 votos. Rompería cualquier alianza con el PRO, la UCR y Hacemos.

Fuera de estas fantasías, que son una realidad como amenazas, es plausible que se pongan todos de acuerdo en repartir los tres según la indicación normativa, que pide reflejar la composición de la Cámara.

Esta auditoría que se renueva ahora, para este año y el que viene, con otros tres reemplazos en el Senado, revisará los actos del gobierno de Alberto Fernández.

Los diputados mileistas bien pueden usar los 41 votos que tienen para acordar un nombre con el PRO, partido con el cual cogobiernan, y dejarle uno al radicalismo. Esta martingala reconocería al peronismo con el tercer auditor. El peronismo es la primera minoría de la Cámara y reclama dos de los tres en juego. Con tal de que no dejen sin nada, puede ceder uno.

Los radicales con la llave del Senado

Tampoco es plausible que el mileísmo deje a la UCR sin un auditor. Hoy el oficialismo ha pasado a depender del partido que preside Lousteau para mantener el control del Senado.

El peronismo del bloque de José Mayans se ha declarado en rebeldía, en desacuerdo por la integración de las Comisiones y se niega a firmar ningún dictamen hasta que satisfagan su pretensión de más miembros.

Con esa rebeldía entorpecerán hasta nuevo aviso todos los dictámenes, imprescindibles para que los proyectos vayan al recinto. Sin la firma de los radicales tampoco sale nada, como lo probó la semana anterior la capitulación ante Lousteau en el dictamen del acuerdo para designar al embajador en Israel.

Lousteau se negó a firmarlo después de discutir con el candidato, el rabino Axel Wahnish, sobre el eventual efecto del traslado de la embajada argentina en Israel a Jerusalén sobre los reclamos por la soberanía en Malvinas.

Wahnish se quedó sin acuerdo por esa inquina con Lousteau. El día de la audiencia la Comisión de Acuerdos tenía dos ausencias de senadores que podrían haberse sumado, Maxi Abad y Ezequiel Atauche, representante de la Libertad Avanza. Estaban de viaje.

El silencio es salud

El gobierno remontó velas con rapidez y accedió a que Lousteau recibiera a la canciller Diana Mondino para que le aclarase que el país nunca tomaría ninguna medida que significase debilitar los reclamos sobre Malvinas. Lousteau escuchó y magnánimo dejó caer su rechazo.

El candidato a embajador se reunió, después de esa visita de Mondino, con Maxi Abad, Guadalupe Tragliaferri y el formoseño Francisco Paoltroni. El rabino hizo presente los mismos conceptos de Mondino y los anfitriones le respondieron que lo que examina la Comisión de Acuerdos son las capacidades personales de los embajadores, no las políticas del gobierno.

Como el tema Malvinas y embajada en Jerusalén son decisiones que debe tomar el gobierno, ya vendrá el momento de discutir las instrucciones que reciba el embajador. Milei aportó una novedad de método: hizo silencio y se privó de insultarlo a Lousteau como había hecho cuando votó contra el DNU 70.

Eso permitió un diálogo político que salvó el dictamen a favor del rabino. Lo que revela este episodio es la necesidad que tiene el gobierno de no enojar a los radicales, que tienen la llave para que haya dictámenes. Después de todo, el gesto de Lousteau sirvió para que se rindiese Milei ante su despacho.

Un presidente que presume de ser el único que entiende lo que pasa, demuestra con sus contramarchas que emprende anuncios y medidas sin previa reflexión o análisis. Parece caminar al sol de la tonadilla infantil que canta «María la paz, la paz, la paz, un paso p’atrás, p’atrás, p’atrás».

Memoria selectiva

También desnuda lo que le puede costar al gobierno el enojo de los peronistas. En el Senado estos tienen la llave para aprobar la designación de nuevos jueces de la Suprema Corte y del Procurador de la Nación.

El gobierno cree haberles dado mucho al sacarlos de la picota y del escarnio. El silencio que hay sobre las denuncias de corrupción contra funcionarios del anterior gobierno es una de las notas de esta gestión. En esto hay un cambio de era, como dicen los cursis.

Las denuncias de corrupción son herramientas que usan los políticos de todos los gobiernos para demoler el prestigio de sus adversarios, acá y en todo el mundo. Herir el prestigio es un objetivo muy rentable, más allá de cómo esas denuncias de corrupción prosperen en la justicia.

Basta que tengan efecto en la opinión pública. Una de las originalidades de la administración Milei es que su revisión de la herencia recibida se limita, hasta hoy, a quejas y denuncias sobre el mal gobierno, el malgasto o los abusos en el manejo de los recursos. Pero no ha subido a nadie al patrullero.

Todos hablan con todos

La negociación por la AGN transcurre en el secreto más lacrado, pero es más intensa que la que motivó el DNU y la que llevan adelante algunos funcionarios nacionales con gobernadores y legisladores para el proyecto de la ley corta, antes ómnibus. Todos hablan con todos y se miden todas las posibilidades. Dejar a alguien afuera sería un peligro futuro.

Cada sector tiene ya su lista corta de candidatos. Mencionar nombres es ponerlos en la parrilla y a merced de los anticuerpos que siempre interceptan cualquier iniciativa. Romper con los bloques amigos sería un disparate costoso, y por eso La Libertad Avanza es el bloque con menos posibilidades de poner un nombre.

Lo más probable es que concierte uno con el PRO. Seguramente será un hombre más que cercano a Macri. Quedan cuentas de su presidencia que están pendientes de revisión. Eso convierte a la AGN en algo de su directo interés.

Antes de ahora, en 2020, cuando pudo poner gente en este organismo, eligió a auditores que no eran del PRO. Uno fue Gabriel Mihura Estrada, que ocupó un cargo que le cedió el PRO a Sergio Massa para honrar la alianza que tuvieron en el primer año del gobierno de Cambiemos.

El otro fue Miguel Pichetto, que había sido su compañero de fórmula en 2019 y que reemplazó a Jesús Rodríguez, que asumió la presidencia del AGN. La elección del radical como titular de la AGN también fue consentida por Macri. Es la hora de que haya un PRO en la AGN.

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