La metamorfosis y los secretos de Riestra, el club que llegó a Primera tras un sprint salvaje y que muchos miran de reojo

La historia de Deportivo Riestra tiene todos los condimentos. Como si fuese una premonición, el club le debe su nombre a un financista, Norberto de la Riestra, un unitario que fue ministro de Hacienda durante las presidencias de Santiago Derqui y Nicolás Avellaneda y ocupó bancas en el Congreso antes de su muerte en 1879. Tiene una calle a su nombre y de allí el bautismo para la asociación civil sin fines de lucro fundada en 1931 por “los muchachos de Riestra”. Los socios fundadores paraban en una de las esquinas de Nueva Pompeya y uno de ellos era Antonio Pirolo. abuelo del actual presidente, Fabio, quien administra todo aquello que no tiene que ver con el fútbol.

A partir de 1946 se incorporó a la Asociación del Fútbol Argentino y vivió su momento más crítico en 1990 cuando fue el peor de la Primera D -entonces la última categoría-, donde el fantasma es la desafiliación y no el descenso. Riestra tuvo que empezar de cero otra vez. La primera fue cuando en 1981 la dictadura militar expropió el terreno de Lacarra y Riestra para la construcción de una autopista -la que hoy lleva el nombre del ex presidente Héctor Cámpora- cuya traza estaba por encima de la que fue su cancha desde 1950.

Pero hay un punto de inflexión que cambió el lugar que el club ocupó históricamente en el fútbol argentino. La llegada en 2013 de Víctor Stinfale, un abogado y empresario que financió una escalada de ascensos hasta la Primera División. A 10 años de su llegada, Deportivo Riestra es uno de los equipos que le darán forma a la Liga Profesional de Fútbol (LPF) este año.

El club representa el paradigma de los clubes privatizados en la Argentina. Son como las brujas: no existen… pero que las hay, las hay. Riestra es uno de los tantos que tiene una empresa detrás del fútbol y una estructura típica de las sociedades anónimas: una inyección de dinero en el fútbol profesional que no guarda relación con el resto de las actividades deportivas que conviven. Si no fuese porque no existen las SAD en el fútbol argentino, el de Riestra podría señalarse como un caso de éxito deportivo.

Víctor Stinfale, el Víctor Stinfale, el «dueño» de los éxitos de Riestra. Foto: Luciano Thieberger. El contraste entre la derruida sede social en Villa Soldati y el predio de La Candela en San Justo, al que solamente tiene acceso el equipo profesional, es notorio. Allí, por ejemplo, firman los contratos los jugadores. El caudal de dinero, que no tiene que ver con los recursos genuinos de la institución, solo llega al fútbol profesional. Hablar del club y del equipo de fútbol es hablar de dos cosas distintas. También, entonces, podría señalarse que el éxito deportivo de la mano de una SAD no se traduce en un crecimiento institucional.

Los Malevos

Hay una identificación de los jugadores con esa omnipotencia que moldea el Riestra de Stinfale. La salida desde el vestuario es semejante a la de una patota: el líder del grupo sale a la cancha sorbiendo de una lata de una bebida energizante y detrás camina el resto como un enjambre. Parecido al andar de Rafael Di Zeo cuando llega a las canchas con “su tropa” de La Doce. Habrá que ver cómo resuelven la puesta en escena cuando tengan que salir del vestuario al campo de juego en fila india como marca el protocolo de la LPF.

Les dicen Los Malevos. Eran Los Malevos de Pompeya, pero el paso de los años les acotó la geolocalización. En los últimos 10 años, los jugadores o varios de ellos, encarnan ese papel. Al margen del mito de la ayuda que habrían recibido en sus ascensos hasta la cumbre de la Primera División, el equipo siempre jugó al borde del reglamento.

En la final por el ascenso de la Primera B a la B Nacional que disputó contra Comunicaciones, terminó en escándalo. Cinco minutos antes del final, hubo una invasión de cancha perpetrada por… un jugador de Riestra que luego el club enmascaró con una licencia psiquiátrica. Leandro Freyre entró encapuchado y lo siguieron otros hinchas. Toda su vida jugó en el Malevo.

Freyre, encapuchado, comenzó la invasión de cancha en el partido definitorio para ascender a la Segunda división. Foto @ElDeportivoBAFreyre, encapuchado, comenzó la invasión de cancha en el partido definitorio para ascender a la Segunda división. Foto @ElDeportivoBATras esa final los jugadores de Comunicaciones denunciaron lo que era un secreto a voces: la cancha no contaba con las medidas reglamentarias en una de las áreas. Una falsa escuadra hacía más grande la de la cabecera Sur, dónde estadísticamente se pitaban más penales.

En 2020 en plena vigencia del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) por la pandemia de coronavirus, Riestra volvió a ser noticia cuando el plantel fue descubierto entrenando en su estadio. Aunque hubo un expediente disciplinario en AFA y causas en la Justicia, el club (o el equipo) no tuvo nunca sanción deportiva.

Entre las mañas que caracterizan a Riestra hay otras picardías que no se chocan con el reglamento. En el vestuario local, por ejemplo, no se escucha cumbia ni reggaetón: música electrónica y muy fuerte. Es otra debilidad de Stinfale y está íntimamente asociada a la bebida energética que forma parte de la imagen del equipo.

Es un boliche, fue imposible dar la charla técnica antes de salir a jugar. Además ese día achicaron la cancha dos metros. Corrieron las líneas de los laterales para hacerla más angosta”, denunció un directivo de Chacarita Juniors, al recordar el último enfrentamiento de ambos en 2023.

Aires de grandeza

La histórica camiseta negra y blanca fue mutando a negra desde la llegada de la bebida energizante que auspicia al equipo y de la que Stinfale cuenta con licencia exclusiva en el país. La latita está estampada sobre la misma marca de indumentaria que viste a la Selección Argentina, aunque sin convenio comercial. Las casacas las paga el empresario, que además les imprime sobre los dorsales la leyenda “Irak”, el nombre del equipo de fútbol que integra con amigos.

También tienen un patrono codiciado: Diego Armando Maradona. El campeón del mundo en 1986 y leyenda del fútbol, muy amigo del gerenciador, visitó varias veces el plantel, se entrenó con ellos, ofreció charlas técnicas y se mostró como un hincha más en algunas ocasiones. Tanto que algunos le ofrendaron el histórico ascenso en medio de los festejos.

Diego Maradona alentó a Deportivo Riestra ante San Miguel en 2013, en la Primera D. Foto: ReutersDiego Maradona alentó a Deportivo Riestra ante San Miguel en 2013, en la Primera D. Foto: ReutersPara jugar el partido final en Mendoza que les dio el inédito salto a Primera División, por ejemplo, se subieron a un avión de un taxi aéreo de la misma empresa que suelen utilizar Boca o River cuando chartean vuelos de cabotaje. Esos aires de grandeza, entre otras cosas, son los que hacen que el resto de los equipos miren de reojo al Malevo.

“En los entretiempos la empresa invita a los dirigentes del club que enfrentan a un lunch en el que, por supuesto, hay Speed. Stinfale parece un jeque árabe: está permanentemente con custodia y se mueve en camionetas con escolta”, le contó a este diario el dirigente de un club que enfrentó a Riestra en varias categorías.

Aquellos muchachos de Riestra soñaron con el logro de los muchachos de Stinfale y su llegada a Primera. Parecía una utopía. Hoy es realidad. Así, para llegar diez puntos al debut del jueves, en Córdoba, contra Instituto, el plantel se recluyó en Pinamar. Allí los futbolistas completaron una pretemporada atípica que no se repartió en jornadas simples o en turnos dobles, sino en varios tramos que comenzaban de madrugada y terminaban por la noche.

El entrenamiento militar de Deportivo Riestra durante la pretemporada en Pinamar. El entrenamiento militar de Deportivo Riestra durante la pretemporada en Pinamar. Un entrenamiento cuasi militar que los preparó para el desafío que se avecina, que los tendrá como locales su cancha, el Gullermo Laza, con aforo para apenas tres mil espectadores y en una categoría en que por la simple existencia del VAR no podrá tener asimetrías entre las áreas.

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